miércoles, 9 de abril de 2014

El plan.

Día tras día, haciendo lo mismo, tareas repetitivas, el mismo trayecto, el mismo autobús, las mismas caras, el mismo café aguado por las mañanas, la misma cagada por la noche, las mismas conversaciones, las mismas noticias, la misma mierda precocinada, los ruidos de los vecinos follando, o escuchando música hasta altas horas de la madrugada, el mismo asco de todos los putos días. Mis días son una continua fotocopia.

Todo eso en parte ha creado dentro de mí un ser maligno, depravado y psicótico. Tan solo me evado con las drogas, que me hacen reafirmarme aún más en mis ideas macabras y psicópatas. Hay que poner una solución a este problema, y sé perfectamente cual es. No es una cuestión de dinero no, va mucho mas allá de lo material, de un cambio de forma de vida radical. También va mucho mas allá de la ética moral, del bien hacer, de la solidaridad que llevamos dentro. Lo siento por su desgraciada vida, pero ahora es aquí, y aquí es ahora. Y esta es mi situación, y sinceramente creo que a los demás les da exactamente igual como esté yo, o cómo están los viejos que agonizan mientras consumen químicos. 

Pero no es la raíz del problema, no, ni mucho menos es la puta raíz del problema. Sólo la gente totalmente perdida, es la que puede llegar a entenderlo. Es decir, cuando ya no entiendas nada, empezarás a comprender. Y comprenderás que para atajar el problema, hay que atacarlo donde de verdad le jode, donde de verdad le duele, donde se hace daño. 

Me he comprado una pistola y he rellenado una olla con explosivo, rodeada a su vez de un cinturón de clavos y barras de hierro, para hacer daño, para joder. Ahí está condensado todo el odio. Ahí está condensada toda la rabia, toda la frustración, y va a ser la piedra angular del cambio, la punta del iceberg, el primer trueno de la majestuosa tempestad que os va a venir encima.

Primero, por la noche, subiré a casa de mis vecinos, para apuntarles con mi flamante pistola y volarles el tarro mientras lloran suplicando mi clemencia todavía mas  aterrorizados por mi expresión de pura felicidad, mi primer paso hacia la liberación.

Segundo, dormiré plácidamente, sin ruidos, sin agobios. Cuando me levante, será el día en el que más feliz vaya al trabajo. No sólo porque habré dormido bien, ni porque en vez de en bus, voy a coger mi coche para ir a la empresa, si no porque voy a pedir un mas que merecido ascenso al jefe, mientras me incordiará con más y más trabajo. Si joder, vaya que sí. Incauto él, me lo denegará, y entonces, sacaré de mi bolsillo una navaja y le asestaré unas 40 puñaladas, en los riñones, para que vea que cuando me dolía la espalda, no me quejaba de vicio. Esconderé el cuerpo y limpiaré la sangre lo mejor posible.

Tercero, me cambiaré de ropa en el mismo puesto de trabajo, y saldré pitando, sin tiempo que perder, para llenar el depósito de gasolina del coche a rebosar, para luego, aparcarlo lo mas cerca posible de la sede del gobierno central. Contando que mañana además hay sesión de control, y estará lleno de chupasangres. Gracias a mi olla, o a mi ida de olla, la haré detonar desde un café cercano, viendo la escena desde unos seguros 500 metros, listo para causar el mayor daño posible. 

Y todo irá como la seda, y mi nueva vida habrá cobrado sentido. Y el gigante con pies de barro se tambaleará, y caerá por su propio peso sobre sus quebrados tobillos. Porque su seguridad quedará en entredicho, porque les haré vulnerables, porque me he tomado la justicia por mi mano, he hecho lo más necesario tras meditarlo durante largos y aburridos años, con el jefe cabrón, con los políticos hijos de puta, y con la gente irrespetuosa, demostrando así que un jodido lunático ha hecho tambalearse su sistema, su vida o su fabuloso puesto de trabajo. Ahora, son ellos los que tienen miedo, los irrespetuosos, los hijos de puta, los ladrones, los cínicos, porque el mundo, para su desgracia, está lleno de retrasados como yo.

Pd: Ficticio e improbable.

Pablo A.K.

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