Se preparó su café como todas las mañanas, y mojó en él dos tostadas, de mantequilla y mermelada. Una vez que acabó, se fue al ordenador y se puso a ojear los periódicos por encima, para ver que le podía deparar el nuevo día. Leyó una noticia sobre el medio ambiente, que decía mas o menos que el calentamiento global era una farsa, y otra sobre la contaminación, que avanzaba a pasos agigantados. Mas tarde, fue a mirar el tiempo, para ver si cogía el coche y se iba a dar una vuelta al monte, para respirar un poco de aire limpio, tan necesario cuando se vive en una ciudad puramente industrial. Vio que hacía bueno, y animada, se vistió rápidamente con un cómodo chandal, se calzó unas deportivas, cogió una mochila con agua y un tentempié, bajó al garaje, y puso el coche en marcha.
Al llegar al monte, aparcó el coche al borde de un camino, y al bajarse de él, respiró profundamente. Una gran sonrisa se formó en su cara, mientras cientos de olores y sobretodo oxígeno, inundaron sus pulmones, ciertamente necesitados de aire puro y limpio. Acto seguido, comenzó a andar por el camino, dirección a la cima de una colina cercana, desde la que se contemplaban unas magníficas vistas, excelente recompensa para los sentidos.
Por el camino, iba observando el buen hacer de la primavera y de las lluvias de las últimas semanas, dado que habían cubierto de flores algunos prados, que resaltaban en el bonito verde de la hierba. Cantaban los pájaros, y de vez en cuando, se escuchaba el zumbido de los insectos, mientras alguna mariposa se dejaba ver revoloteando por el aire con esas trayectorias imposibles de adivinar, irregulares y a como a saltitos. Era ciertamente bonito, y decidió pararse un poco en una roca que lindaba con el camino, y que un gran árbol la daba sombra. Sacó su cámara de fotos e hizo varias a la naturaleza. Después, puso la cámara en el camino para sacarse una foto a sí misma.
Una vez hecho esto, continuó, y a la media hora más o menos, alcanzó la cima del alto. Soplaba una ligera brisa que resultaba de lo mas agradable, que aliviaba el calor y el esfuerzo realizado por conquistar dicha cima.
Estuvo allí un rato, bebió y comió un poco, sacó más fotos, se hizo otras pocas a ella misma con el paisaje por detrás, y al mirar el reloj, vio que era prudente ir volviendo sobre sus pasos, para coger el coche y regresar a casa a comer y descansar un poco. Volvió por el mismo camino, mas despreocupada y a un ritmo ligeramente superior que con el que comenzó la caminata, debido a que el camino era prácticamente en bajada. Llegó al coche, puso un poco de música y se fue camino de su casa.
Al llegar a su casa, encendió el ordenador, y se dispuso a guardar las fotos para poder verlas mejor. Copió los archivos, los pasó a una memoria, y cuando fué a abrirlos, ocurrió una cosa muy extraña. Las fotos, en la pantalla del ordenador, parecían cobrar vida, es decir, las hojas se movían, los insectos también, las nubes... Era como si estuviera viendo por una cámara lo que estaba pasando justo en ese momento, a través de las imágenes que había tomado. Ella cuando salía no se movía, estaba estática, pero todo su alrededor sí que lo hacía. Sorprendida, decidió comer bien, ya que pensó que quizá estaba cansada y el esfuerzo la estaba jugando una mala pasada. Cuando terminó, volvió a visionarlas y se hizo más evidente que salvo ella, todo lo demás se movía, es más, hasta el sol había cambiado de posición. Desconectó el USB del ordenador y lo puso en la televisión, para descartar que hubiera algún virus o similar. Y ocurría lo mismo. Estaba muy sorprendida, ¿qué era el causante de ese efecto?
Por la noche las volvió a mirar, ¡y descubrió que en las fotos se había hecho de noche también! ¿Qué es lo que estaba ocurriendo? Buscó por internet en vano la respuesta, miró las especificaciones de la cámara, hizo más fotos en casa, pero sólo en las del paseo por el campo sucedía ese fenómeno. Se metió en la cama con las imágenes en la cabeza.
Al día siguiente, al despertar, cayó en la cuenta de imprimirlas. Al hacerlo, en el papel, la imagen no se movía, permanecía inalterada. Decidió ir al campo otra vez, para hacer mas fotos y comprobar si se movían o no. Hizo muchísimas, en todas las direcciones, distancias, etc. Corriendo, cogió el coche y volvió de nuevo a casa dispuesta a cotejar las fotos una tras otra. Pero ocurrío algo todavía mas inaudito. Las fotos, que eran fotos, también tenían sonido. Y tras pasarlas, podía comprobar como los árboles, ¡hablaban!. Y no, no eran vídeos, eran fotos, estaba segura. Entonces fue al monte otra vez, y al bajar del coche, se dirigió al lugar de donde había hechos esas fotos, en las que aparecía un viejo árbol, e indecisa, se puso a hablar al árbol.
Lo intentó durante diez largos minutos. Pero el árbol no hacía nada. Se puso a gritarle más, y de repente, el árbol habló:
- No grites tanto por favor. Te he escuchado todo el rato. No te asustes de verdad.- dijo el árbol con una voz dulce y preciosa.
Ella, desconfiada, se puso a dar vueltas alrededor del árbol para comprobar si existía algún micrófono oculto o algo, o si era fruto de una broma.
- Tranquila de verdad, no busques, soy yo, el árbol. Sé como te llamas, porque soy muy viejo y muy sabio, y he visto muchísimas cosas por aquí. Y por fin, me he decidido a hablar a alguien en mi larga historia. En realidad, los árboles somos muy tímidos, y nunca hablamos. Somos reservados, y sobretodo nos gusta observar tranquilamente lo que pasa a nuestro alrededor, nos gusta que los pájaros se posen en nuestras ramas, nosotros les cuidamos, y ellos nos cuidan a nosostros.
Ella estaba atónita, seguía sin creer lo que estaba sucediendo.
- Confía en mí. Tengo miles de años, y conozco vuestra historia. No me plantó nadie, tuve suerte de que una de las miles de semillas de mi madre pudiera germinar y en haberme convertido en lo que soy. Quiero contarte una historia.
Ella, se sentó a su lado, se acomodó un poco y el árbol comenzó a hablar.
- Hace muchos años, muchcísimos, cuando no había ni siquiera coches, ni fábricas ni nada de eso, había a pocos kilómetros de aquí un asentamiento humano. Ellos, tenían unas profundas creencias, y siempre venían a sentarse en bajo mis ramas a realizar rituales, en los que a veces también traían animales y demás para sacrificarlos y dárselos a sus dioses. Creían, que si lo hacían, las cosechas les irían mejor, tendrían mejor salud y los hijos e hijas que tuvieran, crecerían fuertes y sanos. Otras veces, hacían luchas aquí, para prepararse ante invasores o animales. Aquí antes, hace muchísimo, había osos y lobos, por increíble que parezca. Después, ese asentamiento se fue de aquí y muchoa mas tarde vinieron otras gentes, de costumbres diferentes. Pero siempre subían aquí a mi sombra a hacer reuniones y a charlar. También creían en dioses, y también hacían sacrificios. Pero siempre cuidaban de nosotros y sobretodo de mí, calmaban mi sed si no había llovido suficiente, y me quitaban las ramas viejas que ya no me servían para nada. Pasó mucho tiempo, muchos años, siglos, cuando de pronto vinieron otros hombres, y les echaron de aquí. Esos hombres estuvieron muchísimo tiempo aquí, pero sólo se dedicaron a talarnos, a cortarnos, no sé muy bien para qué. No respetaban nada, y sólo querían conseguir madera y matar a los animales que estaban por aquí. Mataban a muchos mas de los que ellos podían comer, sin necesidad, por vicio. El monte entristeció, y la naturaleza les pagó con lluvias cuando sus tierras estaban ahogadas, y con sol abrasador, cuando ellos clamaban al cielo por una gota de lluvia. Aun así, siguieron con su implacable carnicería, con su tala indiscriminada y para colmo, ocasionaron un gran incendio, el gran incendio que asoló gran parte de mis compañeros y amigos. La naturaleza tuvo que intervenir. Y ahora, esos hombres y mujeres que estuvieron aquí y que tan mal nos trataron, se han reencarnado en vuestra sociedad actual. En realidad, el viento nos transporta los mensajes de otros árboles del mundo, para decirnos su situación. Y su situación es incluso peor que con aquellos malévolos hombres. Ahora, cada vez hay menos mensajes, y los que hay en su mayoría son de otros árboles agonizando, árboles milenarios, como yo, que han visto y saben muchísimas historias.
Ella estaba cautivada con la sabiduría del árbol, y escuchaba con la boca abierta al árbol.
- Ahora, todos vosotros habláis del cambio climático, pero es la propia naturaleza la que toma cartas en el asunto. Es a nivel global. Tú eres científica. Tú conoces las causas, tú sabes que la contaminación ahoga a los seres vivos. Pero es la naturaleza la que quiere que sea así. Es la mayor fuerza que existe. La subestimáis, y las riadas, terremotos, sequías y demás, son los primeros castigos que está desatando. Vuestra técnica no estará a la altura de ella, ni vuestra sabiduría, porque vuestra técnica generalmente está ligada al servicio de la producción, y no del bienestar del conjunto de la naturaleza. No respetáis. Y la naturaleza se ha enfadado.Yo me he decidido a hablarte para que tú puedas cambiar e intervenir, tomar cartas en el asunto. Has venido a por respuestas para los movimientos de las fotos, y a cambio, te he hablado en nombre de la naturaleza. Por favor, encuentra la manera de que la situación cambie, o en las propias fotos, cuando las vuelvas a ver, verás la evolución si no consigues dicho cambio. Ahora, me despido para siempre. La naturaleza y el mundo, te espera.
Volvió rápidamente a casa, y se puso a observar las fotos. Sólo pudo llorar, debido que las bellas fotos que había tomado, se habían transformado en un paraje prácticamente apocalíptico, sucio, feo y sin vida. Acabado. Decidió que entonces, dedicaría sus esfuerzos a concienciar y a promover un desarrollo sostenible, para calmar a la naturaleza, para que la respetemos como es, para que la cuidemos y conservemos, para quien sabe, quizá dentro de muchos años, otro árbol vuelva a contar una bonita historia de como cambió la humanidad con la naturaleza para bien, para bien de todos.
Pablo A.K.