domingo, 30 de marzo de 2014

Una coma

Vivimos enredados en una tela de araña, de una araña que para nada quiere despertarnos, prefiere mantenernos enredados, dormidos, relajados, preparados, envueltos en esa tela que la permite comernos el cerebro, poco a poco, saboreándolo, estudiándolo, mascándolo y remascándolo.

A la tela vamos nosotros, inconscientemente, o conscientemente, quién sabe, nos abrazamos a ella sumidos en una película que creamos a partir del entorno, este entorno en el que se idolatra al ser humano como si fuese la mierda mas olorosa de todo el universo. Todo esta preparado para que acabes cayendo por el agujero, es un puto embudo bien montado, llevan años moldeando esta historia... borreguil, y a veces tan solitaria, y efímera.

Pero no hay que ser derrotistas, abrir los ojos es lo primero, querer es poder, sé  sincerx contigo mismx y no hay mas, respetate. Eso te dará fuerza para acabar rajando el capullo en el que nos envuelve la araña, o nos envolvemos, ya no se.
EskizofreniaLírika

A. AlPa

Abejas

  CAPÍTULO 3º


Me desperté. Estaba en una habitación chiquitina, encima de una cama de esas antiguas, de las que tienen el colchón relleno de lana. Las paredes, forradas con papel, también antiguo. Parecía que estaba en una casa de las de la época de mí abuela. Me levanté y me dirigí hacia la puerta. Un pasillo y, si, estaba en una casa que parecía decorada por mí abuela. Allí no había nadie, así que me dirigí hacia lo que parecía la entrada principal, y antes de llegar, de una de las habitaciones salió Dovido, con otro traje, pero igual de elegante.
-¿Qué tal Vigo? ¿Despertaste bien? ¿Cómo te encuentras?-. Me preguntó de una manera muy agradable, con una ligera sonrisa dibujada en la cara, mientras me agarraba el brazo con una mano y apoyaba su otra mano en mi espalda.
-Bien, bien. Algo desubicado, sigo sin entender qué pasa aquí. Sigo sin saber donde estoy.- Le contesté frotándome la cara.
-Bueno, bueno. Tranquilo Vigo, ahora te explicó todo. Acompáñame al salón y te explicó todo, ya me dijo Rojo que te dio un shock. ¿Te apetece un café?.
-Si, por favor.
Nos sentamos en una mesa camilla en lo que parecía el salón de la casa. Tenía unos pocos muebles antiguos, un gran armario de madera oscura, la mesa, un sofá y cuatro sillas. Dovido trajo café, lo sirvió y comenzó a hablar ya sentado.
-Bien, ¿por dónde empezamos?-. Dijo rascándose la barbilla con la yema de los dedos. -Estamos en un mundo aparte, es una especie de paréntesis por llamarlo de alguna forma. Aquí tenemos constancia de lo que pasa en todos los planetas habitados por humanos en el universo, digamos que es una especie de puerta entre unos y otros, por eso lo llamó paréntesis. Te hemos traído para que nos ayudes a traer una especie de tu mundo que en otro se está extinguiendo, abejas.- Me debió ver la cara de asombro. - Si, abejas. Te necesitamos porque nosotros no podemos ir más allá de los edificios de conexión. El edificio por el que llegaste hasta aquí es uno de ellos, siempre elegimos edificios que estén a punto de ser derribados, así no nos molesta nadie. Tu mundo es uno en los que es necesario buscar una puerta, la gente aún no esta educada para comprender esto del paréntesis, digamos que aún no tenéis suficiente nivel de conciencia para entenderlo. Y bien, hay otros mundos en los que esta abierto el portal de continuo, la gente entra y sale sin problema. Ahora,- Se recostó. -Preguntas.
-¿Me estas diciendo que hay más planetas habitados por seres humanos cómo nosotros?-. Pregunté con una gran mueca.
-Claro que sí Vigo. Con lo grande que es el universo, -Dijó abriendo los brazos. -¿Cómo no va a haber vida en otros planetas?. Si que los hay, y en más de uno. Vosotros los de la Tierra tendéis siempre a creeros únicos y no es así.
-¿Todo esto que me cuentas es la verdad, no estoy soñando?
-Es verdad Vigo, no te asustes, solo es una verdad difícil de comprender, nada mas.
-No se, me cuesta.- Hice una pausa y tome un poco de café, que estaba muy rico por cierto -¿Por qué vosotros no podéis salir mucho más allá del edificio que elegís? ¿Es qué no sois cómo nosotros?.
-Bueno, digamos que somos algo así como los responsables de que en los mundos siga habiendo un equilibrio y nuestros espíritus están enlazados con nuestro mundo por elección propia, nuestro trabajo es ayudaros y mantener el paréntesis. Si nos alejamos demasiado del edificio de conexión, bum, muertos. Aún así en los mundos en los que anda de continuo abierto si que podemos andar a nuestras anchas.
-¿Y en los mundos con enlace abierto, no hay abejas?
-No, por eso hemos recurrido a ti. En los mundos enlazados se han extinguido todas las abejas reina irremediablemente, la gente se come sus cerebros, que están riquisimos. Y como lo han hecho sin mesura han acabado perdiéndolas. ¿Nos ayudarás?
-Si claro, ¿Pero, por qué yo?.
-Bueno, digamos que has sido la única persona capaz de aguantarme después de ver el cartel y entrar al edificio,- Dijo con una sonrisa irónica -y no solo eso, si no que incluso has vuelto y has sabido cumplir tu palabra.
-¿¡Bueno y dónde coño voy a encontrar yo abejas!?.
-En casi cualquier pueblo. -Respondió tranquilo, tanto, que me tranquilizó. Tomé café.
-Bueno, lo buscaré. Pero también te digo que es difícil encontrar pueblos en donde haya abejas. Y mas difícil que te den una reina. Pero en fin. Si tan importante es lo haré.
-Gracias, las abejas son importantes.- Dijo sonriendo mientras se levantaba, recogió los cafés. Y cuando volvió gritó. -¡¿Qué, movemos?!.
Nos fuimos hasta el amanecer y esta vez volví solo por el pasillo de las puertas. No, no abrí ni una. No quería más sorpresas.
Abejas. Estúpidas abejas.

Continuará...

A. AlPa

domingo, 16 de marzo de 2014

Tentación



Tentación
suave fragancia
despejas dudas
a la par que las despiertas.

Abrázanos
con tus manos
dejándonos el alma
y el cuerpo  trémulos.

Empújanos
hacia lo desconocido
para que demos luz
a parajes sombríos.

Tentación
abrázanos, empújanos
pero sin convertirte en vicio
sin otro compromiso
que el de sentirnos vivos.

A. AlPa

miércoles, 12 de marzo de 2014

La (sin)razón impuesta.

Hace como mil seiscientos años, mas o menos, había una aldea en la que nunca ocurrían cosas fantásticas, ni se creían absolutamente nada que no tuviera que ver con la razón. Es decir, jamás habían tenido una religión como generalmente las conocemos actualmente, jamás habían adorado a ningún astro, como puede ser el sol, y miraban al cielo simplemente como quien mira para saber qué tiempo hace o va a hacer. Evidentemente, tampoco celebraban ningún culto a la muerte, mas allá de de tener una lógica tristeza que pudiera producir el perder un ser querido o un animal o similar. Pero nunca se preguntaron el por qué de la vida, o qué había detrás de la muerte. Evolucionaban sin tener en cuenta ese prisma de la vida, sin tener que mirar por el lado espiritual, ni ganas que tenían. 

Respetaban a la naturaleza por supuesto, pero los animales jamás habían gozado de un lado místico, ni las constelaciones de las estrellas formaban leyendas de historias y batallas de la antigüedad. Tenían su historia, tenían su cultura, pero tampoco tenían unas costumbres fijas en el sentido en que las conocemos. 

Era, evidentemente, una aldea peculiar, ya que carecían de esa tan arraigada espiritualidad que siempre ha acompañado al ser humano. Por supuesto que se preguntaban cosas, pero cosas como por qué sale el sol, por qué los ríos siempre tienen la misma dirección, por qué sopla el viento, por qué llueve, etc. Observaban a los animales, e intentaban aplicar sus conocimientos a su beneficio, dentro de un respeto por ellos, no espiritual, como ya os estoy explicando, si no como una relación mutua, de beneficio propio. Los animales también cazaban para sobrevivir, ¿por qué no lo iban a hacer ellos?
Todos estos avances los apuntaban en una especie de libro, para que las generaciones venideras pudieran seguir estudiando y tuvieran una base si querían para seguir avanzando en los de momento, precarios descubrimientos. 

Pero evidentemente, esta aldea, era única en el mundo, y pronto trató de ser conquistada por el nuevo pensamiento de los llamados modernos, justos y no pecadores. Se presentaron en la aldea con aires de arrogancia, diciendo que eran enviados por un tal Dios, creador de todo lo que ven a su alrededor. Ellos, aunque educados, respondieron con sorna, porque eran absolutamente incrédulos ante tales palabras. Ellos dieron explicaciones a determinados fenómenos, mas o menos acertadas lógicamente, teniendo en cuenta el contexto de desarrollo tecnológico en el que se encontraban en aquella época. Lógicamente, los de la moral superior, los de la ética y la (sin)razón, se alarmaron terriblemente, y de su boca salían palabras que ellos jamás habían oído o escuchado, como eran pecadores y pecadoras, infierno, diablo...

Al final del día, los desconocidos se fueron por donde habían venido, cuchicheando entre ellos, sobre esto o aquello, echando miradas a aquellos habitantes de esa noble aldea. 

Al día siguiente, los aldeanos decidieron hacer una reunión tras realizar las labores que tenían que hacer, y la mujer mas anciana del pueblo, que era la voz viva de la experiencia, dijo que no le había gustado nada las palabras de la gente que había venido en teoría a visitarles, y que ella pensaba que seguramente volverían de nuevo pero con otras intenciones, nada buenas eso sí, o por lo menos, peores que las de la primera vez. Los demás, iniciaron una especie de debate a partir de esa afirmación, y razonando de forma tranquila, llegaron a la conclusión y convencimiento de que la sabia anciana llevaba razón, por lo que la próxima vez que vinieran les invitarían a marcharse y a respetar por lo menos los terrenos de la aldea. 

Así fue, como a la semana siguiente, cuando vinieron los mismos hombres acompañados de varios mas vestidos con unas ropas muy raras, a los que rendían culto y homenaje constantemente. Los aldeanos, entendieron que también serían los sabios del pueblo, o alguien diferente a estos últimos, ya que vestían unas ropas notablemente mejores. No obstante, les comunicaron a todos la decisión tomada por ellos, y no les gustó absolutamente nada, es más, se lo tomaron como una ofensa hacia su pueblo, como una declaración de una cosa que llamaban guerra. Tan sólo respondieron, que serían sometidos por gracia divina, algo que no entendieron. 

Así, los aldeanos, fueron de nuevo a consultar a los más ancianos, para saber el significado de aquellas preguntas. Los ancianos decidieron recurrir al gran libro de los avances para saber si habían escrito algo, pero no fue así, asique trataron de hacer memoria. La sabia anciana, al oír de nuevo aquellas palabras de Dios y pecador, recordó unos hechos de cuando ella era pequeña, y dijo lo siguiente.

- Esas palabras y esas afirmaciones, las escuché hace mucho tiempo a mis antepasados. Ellos me dijeron que habían venido unos hombres también en nombre de un tal Dios, y que habían arrasado varias aldeas porque se supone que quien vivía en ellas, no era justo, y era también un "pecador", que no teníamos "alma" y que deberíamos pagar por ello. Pues bien, parece que aquella historia que nunca nos creímos es cierta. Nosotros seguimos aquí porque gran parte de nuestros antepasados habían salido de la anterior aldea para cazar al gran oso y poder alimentarse de él. Al volver a la aldea con dicho oso, se encontraron con los cuerpos cruelmente mutilados de la gente, las casas arrasadas y quemadas y las pequeñas huertas y animales domésticos saqueados. Asique decidieron irse de aquel lugar e ir hasta donde habían capturado al gran oso, ya que sólo dos supervivientes dijeron que habían sido unos hombres que hablaban en nombre de Dios y que por eso habían matado a todos y todas, y que las escenas eran tan horribles que estar allí les causaría miedo de por vida. 
Con el tiempo, nadie creyó a esos supervivientes, y de hecho, fueron expulsados de la aldea, por decir mentiras y acusados de tales terribles hechos. Dentro de poco, sabremos si fuimos injustos con ellos, pero me temo que sí, ya que nadie se creyó que así sin más hubieran arrasado una aldea y a parte de un pueblo por venir en nombre de un tal Dios simplemente.

Los aldeanos enmudecieron, y presagiaron lo peor. 

Pasaron dos semanas sin novedad alguna, pero los aldeanos no habían olvidado a aquellos hombres, ni las palabras de la sabia anciana, por lo que estaban preocupados. Aquella mañana, cuando el sol estaba en lo mas alto, empezaron a notar algo raro, como un ruido no muy lejos, que se acercaba rápidamente, cuando de pronto, aparecieron multitud de hombres con espadas y hierros por el cuerpo, que montaban a caballo y portaban grandes cruces. La sabia anciana salió a su paso, y detuvo la comitiva.

- ¿Qué queréis de nosotros? Os invitamos a que os fueráis y nos respetaráis, como nosotros hicimos con vosotros -comenzó hablando la sabia anciana.

- Venimos enviados por Dios, para condenar a los paganos que no creen como vosotros, para erradicar todo aquello contrario al Señor, para liberar vuestras almas y que él pueda juzgarlas.-dijo el hombre que portaba una cruz y encabezaba al ejército.

- Pero, ¿quién es ese tal Dios? ¿A qué os referís con nuestras almas?

- ¡Cómo osas decir eso vieja! Está claro que vosotros sois unos seres despreciables, herederos de Caín  y estáis cautivados por el Diablo. ¡¡¡MORID!!!-gritó totalmente enfurecido el hombre.



Una flecha atravesó a la anciana de lado a lado. Sólo fue el principio...



La aldea quedó totalmente arrasada por los hombres, ningún aldeano opuso alguna resistencia, ya que estaban todos en estado de shock. Y así, en nombre de Dios, y en nombre de su (sin)razón, desapareció hasta nuestros días la última de las nobles aldeas que perdieron su espíritu para ganar en humanidad, aquellas que no creían en el paraíso, pues sabían de sobra, que sin creer en nada, eran afortunadas de vivir en él.



Pablo A.K.

martes, 11 de marzo de 2014

Prácticamente, nada.


Coloréame con tus ojos,
coloréame con tu mente,
píntame con tus prejuicios y tus miserias,
decórame sin conocerme

Sentados con los pies colgando,
en el puente, observamos;
esa vida vacía e inteligente, autosuficiente;
el transcurso de un río que no respeta a los peces, imparable;
un progreso que grita en silencio, miseria.
 

La miseria se viste de gala,
es un gigante peludo y baboso,
como un perro rabioso que impone,
que despierta el miedo. 


Miedo que también crece,
y se hace grande,
entre la gente,
que se lo permite a la miseria. 


Así qué, coloréame con tus ojos,
mientras nuestros pies cuelgan,
dime que tu también viste a ese gigante
peludo y baboso, que con él te lleva,
que te mancha el alma y con la desidia te entierra,
dime que tu también te dejaste engañar
sin darte cuenta,
por aquellos que al gigante en silencio y a gritos alimentan. 


Y ven y siéntate con nosotros, a colgar tus pies,
mientras el río corre desafiando a los peces,
desgastando su cauce.  
 

Ven, coloréame, pinta y da forma
a lo que rodea el antes y el después,
este instante…  el momento
que antes elegimos y después recordaremos.
Ya.


A. AlPa

lunes, 10 de marzo de 2014

Prosapoética.

Caminaron por el desierto día y noche, sembrando el terreno seco y baldío con semillas de enredadera. Surgieron de debajo de las aguas de los mares porque tenían frío y miedo de lo de allí abajo. Echaron a volar como las hojas de las ramas de los chopos cuando vienen las ventoleras de Septiembre, porque se quejan de su vicio de besos y abrazos de flores de olores dulces. Sabe la Luna que detrás de su cara esconde los secretos, y oculta quien sabe, si algo bueno o algo malo. Lo mismo que saben las abejas las flores que mejor huelen, y de ellas se quedan el polen, para extenderlo por caminos y hacerlos mas bellos. Y pasan los días y las noches esperando a su sirena, como el marinero que no pesca, como el arroyo que se seca. Clavan los frenos cuando aceleran, porque de tanto correr, se olvidan de lo de cerca. Los ecos se solapan y de un grito salen mil quejidos, y de una risa salen carcajadas, como de las aguas de las lluvias por los senderos de las montañas, surgen el ruido de las cascadas. Y brotan manantiales puros de los que un día bebimos las aguas, y nos bañamos en ellas, para convertirnos en cristales, que adornan las vidas ajenas de los que tal vez nunca conocimos. Porque se cayeron los pétalos de las rosas encima de las tumbas, porque todo se acaba, hasta aquel amor, de tiernas miradas.

..."Eskizofrenia lírika"...



Pablo A.K.

Las Cartas



Se presumía aquel final de verano como algo idílico. El pastor lugareño había vaticinado que el Otoño, con sus vientos y su manto marrón y amarillo, retrasaría su llegada hasta no menos que acabara Octubre, por lo que todavía a finales de Agosto, se podía interpretar como una pequeña tregua al sol para que siguiera con sus rayos haciendo que los días fueran mucho mas agradables si cabía.

Nombre, que había pasado todo el verano trabajando, estaba encantado de la noticia porque era señal de que iba a poder disfrutar de unas largas y merecidas vacaciones como Dios manda. Claro que antes debía de resolver algún papeleo sin importancia y la mudanza, ya que quería dejarlo todo acabado para el día en que se marchara de vacaciones.

Había comprado una nueva casa en la ciudad, debido a que la carretera del pueblo a la ciudad era bastante peligrosa sobretodo en invierno, y al tener el trabajo allí, debía de recorrerla al menos dos veces al día, y doce veces por semana, habiendo tenido ya varios sustos. Atrás dejaba su antigua casa del pueblo, que según lo que pudo saber, había pertenecido a un antiguo párroco, después cedida a unas monjas que estuvieron dando clase a alumnos y a alumnas en el internado del pueblo vecino, para posteriormente pasar a manos del ayuntamiento local que se la vendió finalmente a Nombre.

Estaba la casa prácticamente recogida, pues tan solo quedaba ya el desván, al que Nombre sólo había subido un par de veces debido a su fobia a las arañas, y en el cual, éstas, campaban a sus anchas. Tenía allí una vieja bicicleta que iba a dejar a su vecino para que la arreglara y la pusiera en orden, y un par de cuadros que no había colgado, pero que quería recuperar para su nuevo hogar, porque precisamente feos no eran, ni mucho menos, y junto a éstos, un estuche que guardaba su viejo trombón con el que aprendió a tocar algunas notas. Intentaría no pensar en las arañas, cogería rápidamente los objetos, bajaría y con cuidado y ya a la luz, primero, comprobaría que no hubiera arañas y segundo, desempolvaría y metería en cajas el trombón y los bonitos cuadros.

Al llegar a casa, Nombre ni tan siquiera se dio una ducha, pues sabía que lo más probable es que el pelo se le llenara de seda de las telarañas, cogió una linterna y decidido y sin pensarlo más, se dirigió al desván. Para subir al desván tenía que coger una pequeña escalera, y primero abrir una puerta, que basculaba hacia el pasillo con cuidado de que esta no le hiciera perder el equilibrio, aunque ciertamente no era pesada, bajar un poco por la escalera para librar la puerta y posteriormente volver a subir.

Quitó la vieja sábana que cubría la bicicleta, y sonrió al ver de nuevo la preciosa bicicleta, aunque con las ruedas deshinchadas parecía ciertamente desvencijada, la cogió y la dejó apoyada al lado de la puerta del desván. Después fue hacia donde estaba el trombón y los cuadros, quitó las sábanas con las que apartó, no sin menos sensación de asco o fobia las dos arañas enormes que yacían sobre ellas, y cargó con su pesado instrumentó y los dos cuadros.

Pero al cogerlo todo, unido a su peso, las maderas del viejo suelo quebraron, y cayó a una especie de hueco de alrededor de un metro y medio de profundidad. Desorientado unos segundos por el golpe y la sorpresa, se apresuró a coger la linterna para ver si se había lastimado y también para comprobar que no tenía por su cuerpo las dichosas arañas. Vio que los cuadros estaban afortunadamente bien, y el trombón no había sufrido daño alguno debido a que el estuche lo había protegido. Pero al girarse, vio que había un baúl debajo del suelo del desván. Primero pensó que cómo era posible, pero pudo observar que se había abierto una pequeña rendija por la que pasaba la luz proveniente del pasillo. Nunca había pensado que detrás de la pared del pasillo hubiera una especie de hueco, y mucho menos debajo del suelo del desván…

Sin pensárselo dos veces, y con una curiosidad enorme, se dispuso a quitar el polvo del viejo baúl. El baúl era de color marrón, entero de madera excepto sus bisagras, refuerzos y su cerradura, que era metálica y sobretodo era la que denotaba que el baúl tenía bastante tiempo, era muy antigua. Afortunadamente, estaba la llave puesta, y con mucho cuidado, Nombre, se dispuso a girarla… Una vuelta, dos vueltas y bingo, la tapa del baúl cedió unos milímetros hacia arriba, señal de que ya podía levantar para ver lo que había dentro.

¿Qué es lo que encontró Nombre dentro del baúl?

a)      Nombre y la maldición.
b)      Nombre y las ratas.
c)      Nombre  y el fin de la historia.
d)   Nombre y la partitura.









a)

Al abrir el baúl, Nombre, encontró en su interior dos viejas y desvencijadas prendas. Una pertenecía a un niño pequeño, y estaba compuesta por un pantalón, una camisa raída y una especia de gorra de la época. A su lado, había un vestido de color rosa palo, muy maltratado por el tiempo, que parecía haber pertenecido a una niña de corta edad también. Debajo de ellos, había una foto en blanco y negro, realmente antigua. A Nombre, tras observarla un poco, no le cupo la menor duda de que esa foto era la de los dos niños, ya que llevaban exactamente la misma ropa que había en el baúl. Por detrás de la foto, un mensaje enigmático.

“Descansando en el arca, el primero que perturbe nuestras almas, cien años sin calma.”.


Al leerlo, Nombre lo cerró instantáneamente, saliendo de allí en seguida para bajar las cosas cuanto antes, y a la vez preocupado por el mensaje de detrás de la foto. ¿Habría sido él el primero en abrir el baúl desde que lo cerraron? ¿Realmente pasaría algo? ¿O tal vez no se cumpliría la especie de maldición?

En el pensamiento de Nombre quedaron volando esas preguntas. Metió en el coche el trombón y los cuadros, dejó la bicicleta al vecino y cerró la puerta de la casa con un amargo regusto, no con la sensación encontrada de tristeza y a la vez satisfacción por dejar atrás una etapa de su vida y abrírsele una nueva.

En su pensamiento esas preguntas… No se le iban de la cabeza en ningún momento, seguían ahí, ancladas, impunes al paso del tiempo y al transcurrir de los días. Ni tan siquiera el ir bien en el trabajo le había conseguido distraer de aquella maldita frase. De hecho, cuando dormía, lo hacía profundamente, pero cada vez con más frecuencia tenía una ensoñación, la misma ensoñación. En ella, aparecían la niña y el niño correteando por una especie de jardín que tenía la casa, que se veía al fondo. Todo el sueño era en color sepia. Al principio reían los dos, cuando de repente, se quedaban mirando fijamente a Nombre, que no podía apartar la mirada de ellos, para ponerse a llorar desconsoladamente, con sufrimiento, mientras se acercaban lentamente a Nombre, y cuando le tocaban, quedaban allí mismo las prendas y desaparecían los cuerpos, pero no los llantos de los niños, y despertaba horrorizado ante tal repugnante sueño.

Semana tras semana, día tras día, siempre lo mismo. Nombre había enloquecido en sus propios pensamientos, obsesionado preguntándose siempre las mismas preguntas, sin hallar respuesta. Pero la respuesta, ya la tenía. Se había cumplido. Aquellas preguntas que se hacía eran a la vez su respuesta. Nombre había enloquecido sin darse cuenta, para siempre, para el resto de su vida. Aquel fatídico momento en el que Nombre cayó al agujero, la decisión de abrir el baúl, y la curiosidad por haber leído las fotos, causaron en Nombre el tormento perpetuo de sus pensamientos, sin que él, nada pueda hacer por dar respuesta ante tan obvias, ahora sí, preguntas.

















b)

Al abrir el baúl, Nombre encontró en su interior un viejo libro. Tenía las pastas gruesas, cubiertas con un fino cuero que cuarteado, seguía aguantando el paso del tiempo forrando y engalanando a su vez el libro. Las hojas, tenían un color como el tabaco, y denotaban que el libro lo habían escrito hace mucho tiempo. ¿Cuántos años podía tener? ¿Quién lo habría escrito? La curiosidad y emoción no hicieron dudar a Nombre. Se apresuró en abrirlo, y en la primera página, encontró una especie de dedicatoria escrita a mano que rezaba:

“Rogad a Dios por las ratas, pues la sabiduría y justicia de la muerte adora sus colmillos.”

¿Cómo alguien en su sano juicio podía haber escrito semejante frase? Fue lo primero que se le pasó a Nombre por la cabeza.

El libro estaba todo escrito a mano, con una caligrafía cuidada, pero notablemente típica de la época, de trazo fino e inclinado, como cursiva, y de un color azul marino casi negro. De verlo abierto, si no fuera por la ausencia de fechas, parecería incluso un diario, pero claro, quizá este libro se escribió antes de la invención de la imprenta, aunque fuera poco probable.

Nombre estaba notablemente confuso al principio, no era capaz de encontrar un guión o un hilo argumental a la historia, no era capaz de dar con algo que le hiciera confirmar la misteriosa dedicatoria a la entrada del libro. Las ratas… ¿Por qué las ratas y no los perros?

Nombre lo entendió al seguir leyendo. Lo que estaba leyendo estaba dejándolo anonadado, estaba alucinando, introduciéndose en un nuevo mundo, que empequeñecía el actual.

El libro,  venía a decir que los humanos éramos hermanos de las ratas. Esto era así hace muchísimo tiempo. Explicaba que los humanos y las ratas llegaron a la primera ciudad del mundo a la vez, y que en vez de echarse unos a otros, decidieron compartir la ciudad en paz y armonía. Las ratas por aquel entonces eran limpias, y cuidaban de no molestar a los humanos, a la par que estos las facilitarían comida a cambio de que las ratas hicieran galerías para poder almacenar víveres ante futuras invasiones de humanos rivales.

Pero a los humanos, les empezó a molestar más la presencia de éstas por las calles, y cada vez las exigían mas horas de trabajo por la misma dosis de comida, aun sabiendo que la población crecía y las necesidades aumentaban. Al final, sólo las dejaban salir por las noches a la superficie, y las que salían, empezaron a desaparecer misteriosamente. Las ratas, listas ellas y menospreciadas por los humanos, hicieron en secreto una asamblea en la que decidieron investigar por su cuenta las desapariciones de miembros de su colonia, y decidieron buscar una excusa para dejar de hacer nuevas galerías.

Enviaron a las dos ratas mas sabias a espiar a los humanos, y descubrieron con horror como los humanos habían utilizado las pieles de las ratas para curtirlas y hacer calzado. ¡La crueldad hecha zapato!

Las ratas, cuando volvieron, contaron rápidamente a la colonia los descubrimientos, y decidieron tomar la justicia por su cuenta. Ellas se dieron cuenta del poder de sus colmillos, y decidieron que en ellos transportarían la peste negra, una enfermedad letal que pudre a los humanos. También decidieron descuidar su aspecto, para causar mas miedo  y asco a los humanos, ya que de otra forma no las tomarían en serio, y decidieron multiplicarse en mayor número, aun a riesgo de de padecer hambrunas. Pero para ello, también decidieron buscarse el pan por su cuenta, y accederían a las despensas de las personas para mordisquear todo aquello que sus poderosos dientes.

Las galerías las derrumbaron, y decidieron acceder por nuevas hasta las mismas casas, para poder atacar mejor a los humanos. Y así, prácticamente estuvieron dominando ciudades y campos para sorpresa de los humanos, que estaban siendo diezmados por las enfermedades transmitidas por estas, y debilitándose debido a que ahora las ratas se habían vuelto insaciables y destructivas, debido a la traición del pacto.

La muerte, siempre tuvo aprecio por las ratas, puesto que impartieron la justicia necesaria ante la codicia humana. Por eso, Nombre por fin entendió la especia de dedicatoria en la primera página del libro. Por eso, comprendió que este libro, lo habían escrito las ratas, para dejar constancia de que los humanos son aquellos que incumplen siempre los tratos por su ambición.

Los humanos tardaron en recuperarse muchísimo tiempo, y como recuerdo de esta historia, queda el otro pacto de los humanos con los gatos, esos animales que cuentan las malas lenguas son capaces de relacionarse con el mas allá, y son los mas feroces y eficaces defensores de las ratas para los humanos, y la mutación de las ratas para compartir gran parte del genoma humano pero diferenciarlo en lo mínimo posible para poder transportar enfermedades sin que causaran daño al animal.

Nombre, al terminar el libro, fue devorado por las ratas, para que nunca nadie pudiera saber la verdadera historia de por qué, en realidad, casi somos como hermanos de las ratas, de las sabias ratas.





























 c)

Al abrir el baúl, Nombre no encontró absolutamente otra cosa que no fuera suciedad. Sin más dilación, Nombre cerró el baúl, se rehizo del susto, cogió sus cosas, y con celeridad, las bajó de la casa, temiendo nuevos contratiempos. No cogió el baúl porque era bastante supersticioso, y Nombre creyó que posiblemente sólo pudiera traerle problemas debido a cómo se le había encontrado. Por ello, metió las cosas al coche, dejó la bicicleta a su vecino, y Nombre se fue para iniciar una nueva vida.










































d)

Al abrir el baúl, Nombre encontró una especie de pergamino. Al desenrollarlo, Nombre pudo observar que se trataba de una partitura, que transcurría a lo largo del pergamino. De un salto, Nombre se incorporó y sin tiempo que perder cogió el librillo y su viejo trombón, salió del desván y fue hacia una poyata de la ventana del exterior para dejar allí el libro y poder tocar las notas con su viejo instrumento. Nombre estaba ansioso por descubrir como sonaría la partitura. Al principio, la melodía era muy sencilla, ni muy triste ni muy alegre, pero rápidamente se tornaba mas técnica y las notas eran muy pegadizas.

Mientras Nombre la iba tocando, pudo observar desde la ventana como su vecino tenía un extraño comportamiento. Tan extraño, que Nombre paró para preguntarle que qué le pasaba. Pero al parar de tocar, instantáneamente, el vecino empezó a comportarse normalmente. Nombre insistió en que le había notado muy extraño, pero su vecino se,  mostró inmutable, como si no se hubiera dado cuenta de lo que hubiera hecho.

Nombre le contó lo que le había sucedido, y que si tenía tiempo, se quedara a escuchar la partitura al completo que había encontrado en el viejo baúl escondido en su desván. El vecino asintió, ya que también tenía curiosidad. Al rato de empezar a tocar, y cuando venía la parte pegadiza, su vecino comenzó a realizar de nuevo cosas extrañas. Empezó a balbucear sonidos extraños y comenzó a hacer espasmos. Nombre de nuevo paró de tocar, y le volvió a preguntar si estaba bien. El vecino, ligeramente molesto, le espetó que estaba perfectamente, que siguiera tocando y que no se preocupara. Nombre siguió tocando y a medida que avanzaba la partitura más pegadiza se hacía la melodía, y peores gestos hacía su vecino, parecía que estaba en trance…

Nombre decidió parar, vuelta a lo mismo… Empezó a pensar que era algo más que una simple partitura… Pero se preguntaba por qué a él no le hacía ningún efecto. Corrió hacia la tienda de ultramarinos del pueblo, que prácticamente siempre estaba abierta, y le explicó la historia de la partitura al tendero, pero sin decirle nada de lo ocurrido a su vecino, para ver como reaccionaba. También, dos señoras que estaban comprando en la tienda, se quedaron a escuchar la partitura.

Al comenzar, nada, pero a medida que avanzaba, más de lo mismo, las personas iban entrando en trance, como poseídos, hablando en un idioma extrañísimo, parecido a alguno tribal, y realizando gestos y espasmos propios de personas en un estado semiinconsciente o bajo efectos de narcóticos. Al parar, vuelta a la normalidad, y nadie sabía lo que había ocurrido, todos decían que la melodía era bonita, sin más.
                                                                                                 
Nombre no tenía ninguna duda, aquellas notas guardaban un secreto. No se dio cuenta de que por ahora no había acabado nunca de tocarla entera, por lo que revisó el pergamino para ver como continuaba, y al final, aparecía una frase.

“Fin de preparativo. El más allá espera.”

Estaba claro, la partitura debía de ser una especie de melodía de brujería, hipnótica para aquellos que la escucharan, pero no así para los que la interpretaran. ¿Quién habría creado semejante partitura? ¿Por qué tenía ese extraño poder?
Nombre, fue a biblioteca del pueblo, y preguntó a la dependienta, gran aficionada a la música y una de las personas mas cultas del pueblo y que Nombre hubiera conocido, sobre si tenía conocimiento de alguna partitura con alguna especie de dote hipnótica. Tras pensarlo un poco, la bibliotecaria fue a rebuscar al almacén de los libros descatalogados, y leyendo uno de ellos, escrito en la época medieval, contaba la historia de los viejos akelarres realizados en la pradera de detrás de la iglesia del pueblo, en los que se tomaban brebajes para hechizar y alejar a los espíritus y bestias malignas que atormentaban a la población de entonces. En un extracto, contaba que un músico ambulante, decía haber participado en uno de los rituales de los que tomaban parte las brujas y brujos del lugar, y había contactado con espíritus que le habían pasado una partitura mágica, con la que podría hipnotizar a toda persona que la escuchara, para que pudiera contactar con el más allá y tener la opción de pasar de una vida terrenal a una vida espiritual, al limbo. Esta partitura fue escrita en un pergamino, que fue guardado con celo en un baúl construido por el mejor artesano del lugar.

Con el tiempo, la inquisición fue ganando terreno a las brujas y chamanes, eliminando a muchos de éstos, y se perdió el rastro de la partitura para siempre, creyendo que fue destruida en una de las innumerables quemas realizadas por la iglesia en aquella época.

Nombre, y ahora la bibliotecaria, sabían que la partitura de la leyenda era la que estaba en aquel baúl. ¿Pero, qué pasaría si aquella partitura se toca al completo? La curiosidad pudo con los dos, y la bibliotecaria aceptó escucharla, con la condición de que si empezaba a sufrir mucho, Nombre parase de interpretarla para que no la sucediera nada malo.

Cogieron el viejo libro y fueron a casa de la Nombre a por el trombón y de allí, decidieron ir a casa de la bibliotecaria a realizar el experimento. Se tomaron un refresco tranquilamente y volvieron a repasar la historia del libro. En él, no se decía absolutamente nada, tan solo era enigmática la nota escrita al final de la partitura. Comenzaron los preparativos, y cuando estaban los dos medianamente relajados, Nombre, hinchó los pulmones, lo comenzó a expulsar y el trombón empezó a emitir la melodía. En cuanto entró al tramo de la melodía pegadiza, la bibliotecaria tuvo sus primeros espasmos y balbuceos… Al seguir tocando Nombre, la situación se volvió mas impredecible, y empezaron  a suceder cosas realmente extrañas. La televisión parecía encenderse ella sola por momentos, y la luz comenzó a parpadear rápidamente, mientras las puertas de la casa retumbaban y los cajones se abrían y cerraban… Nombre estaba aterrorizado, pero seguía tocando, ya que la bibliotecaria no parecía que estuviera fuera de control, relativamente claro. Pero al interpretar la parte que todavía no había comenzado, un fuerte sentimiento de ira y de curiosidad invadió a Nombre, mientras que la bibliotecaria comenzó a convulsionar y a echar espuma por la boca, doblando su cuerpo en unas posturas totalmente inverosímiles, con la espalda arqueada, en una posición totalmente antinatural, mientras se sucedían cada vez mas fuertes los extrañísimos sucesos por la casa. De pronto, comenzó a hacer una especie de brisa y unas voces de ultratumba poblaron la estancia. La partitura iba a terminar…

Pero esto no había hecho más que comenzar… Nombre decidió alimentado por la curiosidad y el sufrimiento de la bibliotecaria seguir tocando, le había cegado la maldita melodía, o quién sabe qué, y la bibliotecaria empezó a emitir gemidos roncos, mientras las babas la caían por su rostro y su cuello. De pronto, la luz se fue para dejar paso a un suceso sobrecogedor. Justo encima del pecho de la bibliotecaria, emergió la figura de una bruja en una hoguera, cantando y emitiendo sonidos, mientras a su alrededor, se podía distinguir la figura de cuatro frailes como si estuvieran rezando e implorando contra la bruja. Nombre, tocaba una y otra vez la misma parte de la partitura, inconsciente, y probablemente influenciado por algún ser de ultratumba, controlando el cerebro. El cuerpo de la bibliotecaria se comenzó a elevar del suelo, y las paredes de la habitación desaparecieron, cuando de pronto, Nombre acabó la partitura, y la bibliotecaria cayó desplomada, con la cara totalmente desfigurada, con el cuerpo empapado en sudor y vómito. Estaba muerta. Nombre, comenzó a reír, la desnudó, y violó su cuerpo muerto mientras los frailes del mas allá rezaban y se oían lloros desconsolados de la bruja quemada en la hoguera.

Al minuto, todo se volvió claro, y de pronto, Nombre, vio el sendero a la otra vida, cogió su trombón, su partitura, y se ahora se dedicará a tocarla una y otra vez en el limbo.

Cuentan las leyendas, que ahora si alguna vez oyes un viejo trombón tocando de fondo una melodía, es Nombre tocando desde el mas allá la partitura sin descanso, dispuesto a jugar con las almas curiosas que menosprecian la historia, como pasó por ejemplo a la incauta bibliotecaria y al ahora maldito Nombre, condenado para toda la eternidad a no dejar de tocar la partitura.


Pablo A.K.