2º CAPÍTULO
Invierno, atardecía. Me quedé sentado en frente de ese edificio macabro. Medio derruido por el paso del tiempo y el desentendimiento de su mantenimiento. Estaba sentado en el bordillo de una acera, sobre un cartón, pues el suelo todavía andaba húmedo y frío de la nieve que se había descongelado esa misma mañana. Me quedé mirando al cartel <<LIBERTAD, RESPETO Y COMPROMISO>>. Ese cartel tan llamativo y carcomido. Con la.luz del atardecer tenía otro aspecto, y era bastante curioso, porque las letras aún se distinguían menos. Tiré la colilla, me levanté y me dirigí hacia las escaleras.
Al llegar arriba empujé la puerta, y cuál fue mi sorpresa que allí no había
nadie. Estaba esa pequeña habitación vacía. La luz encendida y un olor rancio de no ventilarse
mezclado con el del tabaco. En medio de la habitación. Un papel. Me acerqué y lo recogí, decía:
***
HOLA VIGO. NO INTENTES ABRIR LA PUERTA PORQUE
NO VAS A PODER. PARA ELLO DEBERÁS TRAERME ALGO QUE DEMUESTRE QUE ERES UN HOMBRE
DE PALABRA. NO TE PREOCUPES. EL DÍA QUE VENGAS TE ESTARÉ ESPERANDO.
EHSN
***
Por supuesto que lo primero que hice fue ir hacia la puerta. En la que había escrito con letras quemadas<<AQUÍ TAMBIÉN LO ERES>>. No tenía pomo, la empujé y... Nada. Apenas se movía. Era como si detrás de la puerta hubiera un tabique que no te dejaba abrirla. Y tirar tampoco podía, pues era plana, como un tablón, sin tallas ni adornos de donde intentar agarrar con la punta de los dedos.
Así pues desistí y empecé a cavilar sobre a qué se referiría El Hombre Sin Nombre con eso de que tenía que llevarle algo que fuese de palabra. Rápido caí en la cuenta. Di la vuelta al papel y escribí:
***
EN UNA SEMANA VOLVERÉ, CUANDO EL SOL ESTE
CAYENDO Y LA NOCHE SE ABRA PASO EN EL CIELO.
VIGO
***
Lo dejé donde estaba y me fui.
Al salir del edificio cual fue mi sorpresa que la luz de la habitación estaba apagada. Con lo cual me di media vuelta y volví a subir. Pero nada. Allí no había nadie, y para mas misterio, el papel había desaparecido. Me dirigí a la puerta plana y seguía sin poder abrirse. Así que, totalmente desconcertado me largué de ese lugar y volvería a la semana siguiente.
...
Pasó una semana y volví. Claro que volví. Subí las escaleras, abrí la puerta y allí estaba, el Hombre Sin Nombre. Esta vez vestía un traje gris a rayas de diferentes tonalidades, estaba peinado hacia atrás. Con su palidez, sus ojeras y esa rugosidad tan peculiar. Pero sus ojos brillaban. Parecía contento de verme. Estaba mirando hacia la ventana desde el medio de la habitación, con su cigarro. Se giró en cuanto entré y esbozó una sonrisa.
-¡Hombre Vigo! ¡Un placer verte! ¿Qué te trae por aquí?.- Dijo mientras se volvía de nuevo hacía la ventana.
-Hombre Sin Nombre.- Hice una pausa, sonriéndole. -Los dos sabemos por qué he venido,- Le contesté mientras me acercaba hacia él -¿No tendrás un cigarrín por ahí?.- Pregunte mirándole las manos. Y me quede a su lado, acompañándole en la visión que nos regalaba la ventana.-Aquí tienes.- Me pasó el pitillo -Gracias.- Dije y me extendió los brazos, con el mechero entre las manos.
Nos quedamos en silencio, fumando mientras mirábamos por la ventana. Se estaba a gusto la verdad.
-Entonces. ¿Tienes ganas de saber lo que hay detrás de la puerta?- Me preguntó mientras se agachaba a apagar el cigarrillo en el cenicero, que estaba en el suelo.
-Si. La verdad que estoy bastante intrigado. Está semana lo he pensado mas de una vez.
-¿Y por qué tanto interés?.- Me preguntó con una sonrisa traviesa, la misma sonrisa que la otra vez.
-Me gusta la intriga, lo desconocido y lo extraño. Y más esto. Por el cartel y por la peculiaridad de la puerta.- Dije mientras apuraba las últimas caladas, echando el humo.
-Está bien que seas curioso, pero, tienes que saber que tras esa puerta hay una de esas situaciones que te enseñan, de tal manera, que una vez que comiences no podrás volver atrás, no podrás hacer absolutamente nada para borrar lo hecho.
-Bueno, eso es lo que pasa con todo prácticamente. Lo hecho, hecho está, ¿No?.- Le dije encogiéndome de hombros.
-Si, si- Dijo, y seguidamente hizo un gesto con la cabeza hacia la puerta, indicándome que le siguiese.
Apagué el cigarrillo en el cenicero del suelo y fui tras él.
Detrás de la puerta un pasillo se extendía ante nosotros. Sonaba de fondo una música que me recordaba a algo así como el Blues, muy bajita. La iluminación era tenue, estaba decorado con una especie de moqueta aterciopelada, de varios rojos, cambiando tonalidades entre el suelo, techo, paredes y puertas. Había una puerta en cada lado y un foco. Una puerta y un foco, una puerta y un foco. Parecíamos estar en un hostal. Iba siguiendo al Hombre Sin Nombre por un pasillo que no sabía de dónde coño salia, era totalmente ilógico pensando en el edificio, pero la verdad que todo era realmente ilógico. Desde el cartel roído hasta el hombre que tenía en frente de mí.
Estuvimos caminando un buen rato, en silencio. Se hizo bastante largo. Pues veíamos la misma imagen de pasillo durante todo el jodido trayecto. Hasta que llegamos a otra puerta, blanca y también, lisa, sin pomo ninguno. El Hombre Sin Nombre empujó y tras ella apareció una especie de antro. ¡Un puto antro! ¿Dónde coño estábamos?. El bar, tanto decoración como ambiente. Me recordaba a un bar de esos que salen el las películas de época, estaba lleno de gente, desperdigada. Había poca gente en grupo o en pareja. Y el local era gigante. Fuera la calle, de día. ¡Era de día!. Yo no sabía nada, no tenía ni idea de qué estaba pasando ni de donde me había metido. Seguí al Hombre hasta una barra .
-¿Qué quieres de beber? Ahora te explico todo.- Dijo mientras se sentaba apoyando un codo en la barra y con el pie colocaba otro taburete para que me sentase.
-Cualquier cosa que me ayude a escuchar, con hielo.
-Dos ginebras con limón y soda por favor.- Dijo levantado un poco la voz, mirando hacia la barra.
Casi al momento apareció un camarero con todo el tinglado. Nos sirvió.
-Gracias Teodoro. -Dijo el Hombre Sin Nombre
-De nada Dovido. - Contentó el camarero esbozando una sonrisa cómplice.
-¿Dovido?, ¿Te llamas Dovido?, ¿Tienes nombre?-. Le pregunté exaltado, echándome hacia atrás.
-Claro- Dijo mientras se reía -Aquí si tengo nombre, aquí soy. En el otro mundo ni siquiera existo. Y este es el tema del que quiero hablarte. Te necesitamos para hacer unos cuantos encargos entre los mundos. Y ahora te explico, no te preocupes.- Dijo mientras me apoyaba una mano en el hombro. Me debió de ver la cara de estupefacción. -Yo voy a irme a hacer un recado,- Continuó -si quieres enterarte de como va todo esto de los mundos y demás, que supongo que si, puedes hablar con casi cualquiera de los que están rondando por este local, pero yo te recomiendo ese que ves ahí al fondo, el que lee,- apuntó hacia uno de las mesas del bar. Allí había un hombre grande, con el pelo y la barba largos y rizados. -se llama Rojo. Y la bebida ya esta pagada, si quieres más pídela y no te preocupes, va todo a mi cuenta. Estate por aquí hasta que vuelva. ¿Vale?.
-Vale-. Contesté encogiendo los hombros. Por contestar algo, porque estaba totalmente desconcertado.
Di un trago, agarré la copa y me acerqué hacia ese hombre del fondo. Nadie me observaba, cada uno estaba a lo suyo y eso me hizo estar cómodo.
-¿Señor Rojo?.- Le pregunte parándome en frente de él.
Bajó el periódico y levantó los ojos -Lo de señor te lo guardas y, ¿Sí?-. me preguntó mientras apoyaba los codos en la mesa, cruzando los brazos y quedándose con esa gran cara mirándome. Tenía una cara risueña.
Yo contesté decidido. -Hola, soy Vigo. He venido de... He venido por los pasillos, por uno rojo, con Dovido. Fue a hacer un recado y me recomendó que hablase contigo.
-Está bien, siéntate.- Dijo mientras apuntaba con el brazo a la silla de en frente.
Me senté. -Yo escucho.
-¿Y qué es lo que quieres escuchar?
-Pues no sé...- Respondí, dudoso. Esa pregunta me pilló desprevenido, asi que opté por preguntarle. -¿Qué hago aquí?
-A no sé, eso será cosa de Dovido. A ese tipo de preguntas no te puedo responder Vigo.- Me dijo poniendo cara de circunstancia.
-Pues...- Dudé, y estaba empezando a ponerme nervioso. -¿Dónde estamos?
-Estamos en un local de encuentro, se llaman Amaneceres. En un amanecer.- Soltó una carcajada -Bueno, en estos locales es donde se encuentran las puertas que enlazan la tierra de la que vienes con esta. Aquí siempre se recibe a los recién llegados, como tú, por eso se llama Amanecer.- Dijo tranquilo.
Yo, me alteré -¿Y por qué es tan largo el pasillo? ¿Para qué tanta puerta?- No entendía nada. -¿Y qué es eso de los enlaces? ¡¿Qué mundo es este?! ¡¡¿¡QUÉ PINTO YO AQUÍ!?!!. - Un escalofrío recorrió mi cuerpo, después de marearme, me desmayé.
A. AlPa
No hay comentarios:
Publicar un comentario