CAPÍTULO 3º
Me desperté. Estaba en una habitación chiquitina, encima de una cama de esas antiguas, de las que tienen el colchón relleno de lana. Las paredes, forradas con papel, también antiguo. Parecía que estaba en una casa de las de la época de mí abuela. Me levanté y me dirigí hacia la puerta. Un pasillo y, si, estaba en una casa que parecía decorada por mí abuela. Allí no había nadie, así que me dirigí hacia lo que parecía la entrada principal, y antes de llegar, de una de las habitaciones salió Dovido, con otro traje, pero igual de elegante.
-¿Qué tal Vigo? ¿Despertaste bien? ¿Cómo te encuentras?-. Me preguntó de
una manera muy agradable, con una ligera sonrisa dibujada en la cara,
mientras me agarraba el brazo con una mano y apoyaba su otra mano en mi
espalda.
-Bien, bien. Algo desubicado, sigo sin entender qué pasa aquí. Sigo sin saber donde estoy.- Le contesté frotándome la cara.
-Bueno, bueno. Tranquilo Vigo, ahora te explicó todo. Acompáñame al
salón y te explicó todo, ya me dijo Rojo que te dio un shock. ¿Te
apetece un café?.
-Si, por favor.
Nos sentamos en una mesa camilla en lo que parecía el salón de la
casa. Tenía unos pocos muebles antiguos, un gran armario de madera
oscura, la mesa, un sofá y cuatro sillas. Dovido trajo café, lo sirvió y
comenzó a hablar ya sentado.
-Bien, ¿por dónde empezamos?-. Dijo rascándose la barbilla con la yema de los dedos. -Estamos en un mundo aparte, es una especie de
paréntesis por llamarlo de alguna forma. Aquí tenemos constancia de lo
que pasa en todos los planetas habitados por humanos en el universo,
digamos que es una especie de puerta entre unos y otros, por eso lo
llamó paréntesis. Te hemos traído para que nos ayudes a traer una
especie de tu mundo que en otro se está extinguiendo, abejas.- Me debió
ver la cara de asombro. - Si, abejas. Te necesitamos porque nosotros no
podemos ir más allá de los edificios de conexión. El edificio por el que
llegaste hasta aquí es uno de ellos, siempre elegimos edificios que
estén a punto de ser derribados, así no nos molesta nadie. Tu mundo es
uno en los que es necesario buscar una puerta, la gente aún no esta
educada para comprender esto del paréntesis, digamos que aún no tenéis
suficiente nivel de conciencia para entenderlo. Y bien, hay otros mundos
en los que esta abierto el portal de continuo, la gente entra y sale
sin problema. Ahora,- Se recostó. -Preguntas.
-¿Me estas diciendo que hay más planetas habitados por seres humanos cómo nosotros?-. Pregunté con una gran mueca.
-Claro que sí Vigo. Con lo grande que es el universo, -Dijó abriendo los brazos. -¿Cómo no va a haber vida en otros planetas?. Si que los hay, y en más de uno. Vosotros los de la Tierra tendéis siempre a creeros únicos y no es así.
-¿Todo esto que me cuentas es la verdad, no estoy soñando?
-Es verdad Vigo, no te asustes, solo es una verdad difícil de comprender, nada mas.
-No se, me cuesta.- Hice una pausa y tome un poco de café, que estaba muy rico por cierto -¿Por qué vosotros no podéis salir mucho más allá del edificio que elegís? ¿Es qué no sois cómo nosotros?.
-Bueno, digamos que somos algo así como los responsables de que en los
mundos siga habiendo un equilibrio y nuestros espíritus están enlazados
con nuestro mundo por elección propia, nuestro trabajo es ayudaros y
mantener el paréntesis. Si nos alejamos demasiado del edificio de
conexión, bum, muertos. Aún así en los mundos en los que anda de
continuo abierto si que podemos andar a nuestras anchas.
-¿Y en los mundos con enlace abierto, no hay abejas?
-No, por eso hemos recurrido a ti. En los mundos enlazados se han extinguido todas las abejas reina irremediablemente, la gente se come sus cerebros, que están riquisimos. Y como lo han hecho sin mesura han acabado perdiéndolas. ¿Nos ayudarás?
-Si claro, ¿Pero, por qué yo?.
-Bueno, digamos que has sido la única persona capaz de aguantarme después de ver el cartel y entrar al edificio,- Dijo con una sonrisa irónica -y no solo eso, si no que incluso has vuelto y has sabido cumplir tu palabra.
-¿¡Bueno y dónde coño voy a encontrar yo abejas!?.
-En casi cualquier pueblo. -Respondió tranquilo, tanto, que me tranquilizó. Tomé café.
-Bueno, lo buscaré. Pero también te digo que es difícil encontrar pueblos en donde haya abejas. Y mas difícil que te den una reina. Pero en fin. Si tan importante es lo haré.
-Gracias, las abejas son importantes.- Dijo sonriendo mientras se levantaba, recogió los cafés. Y cuando volvió gritó. -¡¿Qué, movemos?!.
Nos fuimos hasta el amanecer y esta vez volví solo por el pasillo de las puertas. No, no abrí ni una. No quería más sorpresas.
Abejas. Estúpidas abejas.
Continuará...
Abejas. Estúpidas abejas.
Continuará...
A. AlPa
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