Coco, así lo llamaban. Coco vivía en la calle desde que Inés se fue -Ahí te quedas, búscate la vida, yo ya no puedo contigo- Así se despidió la asquerosa de ella en medio de ese bosque, habían ido a hacer un picnic, Coco estaba ilusionadisimo, pero toda ilusión se volatilizó cuando Inés se fue, haciendo verídicas sus palabras.
Desde entonces Coco vive en la calle, se alimenta de algún animal que consigue cazar a duras penas, pues jamás hizo tal cosa. También se alimenta de la caridad de algún bar o algún restaurante, cuando hay suerte, si no, rebusca sobras en la basura.
Todas las noches duerme en un callejón en el que hay un extractor de algún restaurante, ahí está más calentito. Siempre sueña con lo mismo antes de dormir, sueña que Inés vuelve a buscarle y le lleva a casa, sueña con sus suaves manos acariciándolo, sueña con su voz diciéndole cómo fue el día, y así cae rendido al sueño todas las noches.
Una mañana la suerte de Coco cambió, un tipo vestido con un mono blanco y una visera a juego lo despertó en el callejón bruscamente, atándolo el cuello con una cuerda que salía de un gran palo de metal, Coco no entendía por qué tanta agresividad, así pues gruñó y ladró con todas sus fuerzas, un deseo de morderle y arrancarle una pierna a aquel tipo nació dentro de él. Él hombre lo metió a un furgón con otros perros y se lo llevó.
Ahora Coco duerme, vive, come, caga y mea en una jaula. No le gusta la comida que le ponen y tampoco le gusta que venga tanta gente a mirarle con cara de pena, aún así, por suerte, lo sacan a dar un paseo de media hora todos los días, a él y a los demás los sueltan a que corran y desfoguen en una pradera vallada, y siempre que vuelve, su jaula esta limpia, que no seca, pues la humedad del suelo tarda un buen rato en desaparecer, y esto a Coco no le gusta, aunque agradece que limpien la mierda.
Dentro de una semana sacrificarán a Coco si no viene nadie a recogerle, cosa que por cierto no sabe. Él, todas las noches sigue soñando con la persona que lo convirtió en un perro callejero, Inés.
A. AlPa
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