lunes, 12 de mayo de 2014

Ventanas.

Una bocanada de aire fresco. Sintió que le volvía de nuevo la vida, sintió otra vez la sensación de llenar los pulmones de algo que no fuera aire viciado. Tan sólo abrió la ventana. La ventana que da al mundo, no a la calle. Porque en las calles nadie nos espera. Porque de las calles viene el aire viciado, contaminado de mierda, de las voces, del ruido, de las chimeneas, de los micrófonos. Y también el volumen de la otra ventana, la de la televisión, tapa el sonido de los pájaros, frena el viento nuevo, y como el monóxido de carbono, mata lentamente, como sin enterarse. Porque su miedo se ha instaurado en la calle, y ya pocas veces abrimos las ventanas, las que dan a la vida. Pero casualidad, un día se equivocó de ventana, y abrió la que no era, y volvió a sentirse joven, y sus podridos pulmones fueron insuflados de nuevo del más puro de los aires, y su cerebró pensó, y sus extremidades se tensaron, y su vello se erizó... Y al abrir la ventana adecuada, de nuevo, volvió a sentir. Tan sólo abrió la ventana...



Pablo A.K.

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