Porras y botas, para ser exactos ocho botas y cuatro porras lo golpeaban sin cesar, pim, pam, una y otra vez. -¡Qué te jodan puto indigente!- Gritaban mientras se cebaban con él -¡Esto te enseñará!.
Quince minutos antes dos parejas de policías discutían que hacer con uno de los manteros que habían "cazado" después de correr a por él durante un buen rato. Le habían esposado, tras de pedirle los papeles y comprobar que no les tenía, metido en el coche patrulla y llevado a un callejón apartado, en el extrarradio. Allí discutían entre sí que hacer:
-Tenemos dos opciones, o arrestarle y al calabozo unos días, o le damos su merecido.- Dijó el más grande de los cuatro.
-Si le arrestamos seguramente le soltarán y le mantendrán vigilado. Una multa y a casa.
-Si, tienes razón, va a volver a las calles, a hacer mierda.- Interrumpió otro de sus cerebros vacíos.
-Demosle una paliza, si le multamos quizá desaparezca de la ciudad y se largue a otro sitio. ¡Igual que si le machacamos! jajajaj.- Todos rieron. Y fueron a por el Africano..
Pim, pam, pim, pam.
Allí estaba Idris, ensangrentado, rodeado de discos compactos reventados. Casi se podían contar los centímetros que no estaban manchados de sangre en tu túnica blanca. Respiraba con estertor, el cuerpo no le respondía, solo le dolía, y él, inconsciente, no entendía, por qué.
Alguien le despertó, acariciándole, hablándole con calidez. Era una chica, de tez blanca y pelo rojizo. -Hola, ¿Estás bien?, ¿Puedes oírme?, ¿Qué te ha pasado?-. Dijo la muchacha en cuanto le noto abrir un poco los ojos. Idris agito la cabeza afirmando, y con mucho cuidado, muy despacio, se fue incorporando hasta sentarse. -Yo... maal... vender en plaza películas... no tener papeles... y correr porque ver a policía.... policía cogerme y traer aquí.... yo... yo... "¿Qué pasa, qué pasa?.- Interrumpió la muchacha." yo no entender... por qué... traer aquí y pegar.- Idris rompió a llorar y la muchacha le abrazo, suave. Lloraron juntos. Se calmaron juntos. Después la muchacha acompaño a Idris hasta la casa de acogida en la que era voluntaria.
Esta misma chica, la voluntaria de la casa de acogida, se llama Rebeca, misántropa. Encontró a Idris en el descampado al que solía ir a pasear para despejar su cabeza, colocar ideas, limpiar la maleza de los sentimientos que se acumulan casi sin querer, poco a poco. Días antes había tenido una fuerte discusión en su casa, justamente por la inmigración. La discusión se acabo cuando Rebeca les espetó a todos "Sois unos retrógrados de mierda, dais asco, camuflados en vuestras vidas superficiales y con una bonita fachada, llena de flores. Y os creéis dueños de discutir sobre la vida y el interior de nadie sin pararos a pensar por lo que ha tenido que pasar, o cuál es la razón de por qué está así. Escupís sin mirar, sin ver que vosotros, sois los que estáis podridos por dentro, de la cabeza a los pies, con ese cerebro mohoso e infecto de ideas que son cadenas y limitaciones hacia vosotros mismos." Y se largó, dando un portazo.
A. AlPa
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