Es una noche como cualquier otra noche de verano, el cielo despejado, inundado de estrellas y una pequeña línea sonriente que regala la luna menguante. Aquí en medio del bosque el miedo invade tu cuerpo aunque no lo quieras, los arbustos a veces se confunden con alimañas, su sombra despista, pero todo el miedo se desvanece cuando me acerco y descubro que sólo es eso, un simple arbusto.
Camino en dirección a la cima de la montaña, para poder contemplar el pueblo desde lo alto, pues visto así de noche, tiene otro encanto con la iluminación de las calles.
Y de pronto, zas, me encuentro con esa silueta, una persona bastante alta, vestida con lo que parece una capa y empuñando un gran bastón, como los de los magos de los cuentos de hadas. Va en dirección al interior del bosque, y no se ha dado cuenta de mi presencia, así pues, cambió de rumbo y sigo a... Eso.
Rodearse de árboles acojona aun más siendo de noche, pero mi curiosidad por saber hacia donde se dirige este tipo del bastón, apacigua todo apiz de miedo en mi interior. Llevo ya detrás de él un buen rato, se ha parado a mirar a su alrededor sin llegar a verme, se agacha, tira del suelo y sorpresa para mis ojos, levanta una trampilla y se adentra en la tierra. Por supuesto que después de esperar un rato para hacer tiempo me acerco a ver dónde lleva esa entrada, la cual esta bien escondida y mimetizada con el entorno, estoy seguro de que ni de día se ve.
Detrás hay una profunda cueva, la vista se pierde, pero por suerte esta iluminada con una especie de candiles. Así pues sigo el túnel y después de estar un buen rato caminando me encuentro en una gran sala, la cual parece estar hecha dentro de la montaña, pues mires donde mires ves solamente roca. Y en el centro está ese hombre sentado en un escritorio. Levanta la vista y dice:
-¿Quién eres tu? ¿Cómo has llegado hasta aquí?.
-Lo seguí.
-No si la culpa es mía, por salir antes de que caiga la luna nueva, que despiste. ¿Qué quiere?
-Nada la verdad, simplemente lo seguí por curiosidad.
El hombre arruga más su cara de lo que ya la tiene, se arrasca las barbas durante un buen rato y me dice -Siéntese.- Me acerco al escritorio y hay una silla justo en frente de el, la cual antes no vi. El tipo realmente parece un mago sacado de un cuento de hadas, con su pelo grisáceo y su larga barba, vestido con la túnica y la capa.
Me siento en la silla y antes de articular palabra suelta el tipo. -¿A ti te parece bien seguir a alguien en plena noche, no crees que es peligroso?
-No
-Sois curiosos vosotros, os cagáis de miedo porque es de noche pero no tenéis reparo en seguir a alguien que deambula por el bosque.
-Bueno usted lo ha dicho, la curiosidad.
-Bueno, ya que estas aquí, ¿Qué es lo que quieres saber?
-Pues... ¿Que hace usted por ahí a la noche, y dónde estamos?
-Lo que yo haga no le interesa caballero, además, mi trabajo se hace en luna nueva, y hoy me equivoqué al salir.
-¿Y estamos en...?
-Estamos en una cueva, en el interior de la montaña. Ésta es mi casa y mi centro de operaciones, llevo aquí ya muchos siglos.
-¿Siglos?.
-Si, siglos,¿Qué sucede?. Ah, ya veo, ya veo. Esta cabezota mía a veces me falla, olvide que ustedes son mortales.
-¿Cómo?, ¿Me está diciendo que es usted inmortal?
-Claro chico, pero nuestra inmortalidad no es como la de las películas.
-¿Y cómo es?.
-Bueno, es fácil, gastamos el cuerpo que portamos, después buscamos a alguien más joven para poder renovar el cuerpo y seguir viviendo con el mismo espíritu más tiempo, de esa manera somos inmortales.
-¿Y como hacéis eso?
-Fácil. Buscamos a alguien en el último día de luna menguante, le traemos a nuestra cueva, y una vez aquí ya está nuestro territorio....
Y así fué como este cuerpo mío paso a ser de alguien inmortal de espíritu, fundiendo sus conocimientos con los mios. Ahora ya no tengo ningún tipo de miedo al salir al bosque y guardo el equilibrio que debe de haber entre el mundo real y el mundo onírico. Los días pasan tranquilos y lentos, más a estas alturas, ya va siendo hora de atraer un cuerpo joven hacía mi morada, jejeje.
A. AlPa
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