miércoles, 4 de junio de 2014

Silencios...

Se hacía tarde joven amigo
y tuviste que partir lejos.
No hubo despedida alguna,
sólo la mirada todo lo dijo.
Y ahora la distancia se mide en días,
tal vez semanas, meses o años.
Las rejas no permiten volar al cuerpo
pero si a la mente despierta,
y en el recuerdo, nuestros sueños,
y las voces, los gritos, el aliento,
con los ojos cerrados para vernos.
Las lágrimas en el justo momento,
los abrazos cálidos, y un te quiero
en las cartas cuando, conmigo,
contigo, sé que converso.
Porque es duro que la condena 
se produzca tan y tan lejos,
porque si te tengo cerca,
tal vez ya no te tengo.
Y las preguntas sin respuesta,
y las respuestas sin preguntas,
las dudas hábiles y esquivas, 
punzantes y excesivas,
duelen muy adentro,
duelen en el segundo eterno,
en el que calmados y relajados,
separaron nuestros anhelos.
Ahora caigo enfermo,
y no hay medicamento,
la soledad de estar muerto,
el reloj va despacio,  demasiado lento.
Tic... Tac... Tic... Tac...
Para ti, para mí...
Para los que estamos lejos...



Pablo A.K.

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