Los niños que comían ciruelas en las huertas de al lado del río se han empachado y no pueden correr, viene el viejo dueño del ciruelo y al final les va a coger, con el garrote golpeando las zarzas del camino, que arañan las piernas sin vello de los mozos empachados, que andando, no sin un brutal esfuerzo, intentan escapar de los feroces golpes del viejo. Si no hubieran comido tantas podrían correr para mal del viejo, pero su inocente avaricia y lo ricas que estaban les ha jugado una mala pasada. Al final el viejo enganchó a uno de ellos, y le dio un buen bofetón. Le agarró de una oreja y consigo se lo llevó.
Ahora dicen que el niño al que le cogió, sus padres como castigo le enviaron a ayudar al viejo en las labores del huerto, y ahí sigue desde hace unos meses, porque por cada ciruela que comió, un día de trabajo a petición del viejo se acordó. Y los otros niños, por comer tantas ciruelas e intentar correr despavoridos, al no ser cogidos, van de vez en cuando a verle y se ríen de él.
Historias de cuando los viejos eran niños, de cuando había hambre, como ahora, de cuando se podian coger ciruelas de la huerta de algún viejo.
Pablo A.K.
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