domingo, 15 de junio de 2014

La pérdida.

Bajo el viejo roble, casi milenario posiblemente, tuve una de las conversaciones mas reveladoras que jamás hubiera podido imaginar. Me lo dijo susurrándomelo al oído, casi sin apenas forzar su voz,  y al empezar a pronunciar las palabras el viento se paró, las hojas dejaron de emitir sonidos y las ramas no se quejaron más. Fue una pausa, la naturaleza también quería escuchar, y todos los que hubieran estado allí seguramente hubieran estado enmudecidos, conteniendo la respiración, para intentar captar algún sonido de sus cuerdas vocales. Pero sólo me lo dijo a mí, solo quiso que Yo lo supiera, nadie más. 

Podría sentirme privilegiado, que quizá seguramente lo sea, pero no es así. Es algo tan obvio como evidente, pero en lo que nadie repara. Está ahí, siempre, y no, no es el supuesto Dios omnipresente, si existiría como le describen quizá estuviera enfurecido, o se hubiera largado mucho mas lejos para no volver jamás. 

No lo sé, no puedo deciros más, porque dejaría de ser algo secreto, aunque en cierta medida ya no lo es, porque ya lo sabemos dos personas. Es más que nada una especie de confesión. No lo había pensado. Nada más. Tan sólo es una anécdota. Tan sólo fue fruto de la eskizofrenia (lírika)...


Pablo A.K.
                                                                                                                           

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