viernes, 3 de enero de 2014

El trabajo de Raál

Viernes. El caminaba tranquilo por las sucias calles de su ciudad. Esa noche había estado tomando algo con unos amigos en el "Gula". Después de cenar volvía a casa un poco afectado por el alcohol, "no debería beber cuando me toca tomar mi medicación", pensaba. Tenía que seguir un tratamiento para que su cuerpo no rechazase la prótesis de titanio que tenía en su fémur.

Estaba ya a medio camino y su pierna empezaba a hacerse de notar, ¡de pronto! <<¡fiuf!!>> Alguien le golpeó la nuca fuertemente dejándole inconsciente.

Viernes. El día amanecía en silencio, él, se despertó como siempre a su hora, sin despertador. Vivía en las montañas, a las afueras de la ciudad, solo, refugiado en su propio mundo. Se levanto y corrió las cortinas, se estiro dejando que los rallos del sol golpeasen su cuerpo desnudo, después, puso los brazos en forma de jarrón. Era tan pálido como la leche, se le notaban mucho las venas, los huesos y los nervios, era alto y delgado, como un caballo hecho persona.

Frunció el ceño y pensó "hoy me toca trabajito, debería ponerme manos a la obra",  inspiro hondo y dejó caer los brazos al soltar el aire mientras miraba a través de la ventana con una sonrisa malévola. Fue rápido pero a la vez tranquilo, moviéndose igual que un animal por el bosque entre los árboles. Se duchó, preparo la comida para la vuelta y salió a correr por el bosque. Era un buen día de verano, soleado, casi todo el mundo de la ciudad se había ido lejos, de vacaciones, y en la montaña donde residía no había nadie mas que el, pues era el vigilante de las mansiones que gente con mucho poder adquisitivo poseía en esa zona, le pagaban bien y tenia una casa con todo gasto gratis. Respiro con fuerza un rato, y empezó a correr.

Mientras corría le iban cayendo recuerdos de olor a sangre, sonidos de vísceras y carne rasgándose, él, sonreía como sintiendo placer. Pensaba en Cala, una de sus amantes, para distraerse en otra cosa y así acabar centrándose de nuevo en su cuerpo y su respiración mientras corría.

Llego a casa exhausto, se comió el gran plato de carne guisada que se había preparado antes y se puso a fregar los platos. Mientras fregaba pensaba "Esta tarde tengo que pasarme donde Hurdi, que me de el encargo y me pase mi parte de la ultima función, mañana me gustaría comprarle algo a Cala después de hacer la entrega". Seco los platos y se volvió a duchar. Salio de casa con su mochila de "trabajo extra" al hombro, la arrojó dentro del coche, entrando el detrás con gran ímpetu, arranco y se puso rumbo hacia donde Hurdi.

Hurdi vivía en una zona gris de la ciudad, manchada por el humo, en un sótano de un gran edificio con un naranja muerto. El siempre aparcaba un poco alejado, en un Parking que había a dos o tres manzanas, allí era más seguro dejar el coche que en cualquier calle de ese apestoso barrio.

Cuándo llego donde Hurdi esté le recibió con un cordial abrazo y mientras le estrechaba la mano le preguntaba; - ¿Qué tal todo Romeo?. - Púes bien la verdad, pero dejate de líos, vamos a habar de lo nuestro, hoy me he despertado extraño- Le espetó Raál mientras miraba dentro de ese estudio tan diminuto, que parecía una casa de duendes.

Fueron hacia el escritorio, entre la cama y el frigorífico y Hurdi saco un folio con algo escrito a lápiz.

GRAIC SOLEDI
Calvo
43 años
Funciones de datos
PIERNA DERECHA, FÉMUR
Barrio de los placeres
Bar "Gula" - Manzanilla ·34
Viernes 24
02:00

Después de leerlo el papel se volatilizo como pasaba siempre. - ¿Así  qué otro madurito adinerado que puede permitirse recomprarse otra pieza y pagarse además protección de por vida?-. Preguntó riendo Raál.

-Ya sabes que los mensajes no les veo ni yo-. Respondió Hudi mientras se levantaba de la silla. Alargo el brazo tendiéndole la mano a Raál con una gran sonrisa que le ocupaba media cara, - ¡Gracias!- Dijo con ímpetu.

-¿No tan rápido eh?, falta mi dinero de la ultima cabrón - Espetó Raál mirandole y estrechandole la mano devolviéndole la sonrisa.

-No se te pasa ni una - Dijo Hurdi mientras le sacaba un gran fajo de billetes se su camisa, - Ésto es tuyo, hasta mañana.

-Hasta mañana -. Respondió Raál dándose la vuelta y cogíendo rumbo hacia la puerta para largarse.

No tardó en llegar al coche, guardó el dinero en una cavidad oculta que tenia y se cambio. Siempre usaba una malla oscura que le cubría todo el cuerpo y para los pies, unos pies de gato. La cabeza la dejaba desnuda, hasta que llegaba la noche.

Fue hasta el Barrio de los Placeres. Allí era fácil encontrar un sitio donde dormir que tuviese un baño con bañera y no por mucho dinero, pues había mucha oferta en verano ya que la gente salia mas de la ciudad. Compro mucho hielo. Busco alojamiento y encontró uno con bañera y aparcamiento. Subió en el ascensor hasta su piso, un piso entero para el solo, una suit de un hotel de media categoría. Al haber poca gente en verano no se encontró con nadie en el trayecto aparcamiento-habitación, y eso que dio cinco viajes. Puso el hielo en la bañera y se acostó, no sin antes poner su alarma en el móvil. <<00:00>> "Como me gusta está hora", Pensó.

Se despertó como un rayo nada mas oír la alarma, fue al baño, se lavó la cara y se puso la capucha. Salió por la ventana del hotel, yendo hacia los tejados, y de azotea en azotea, llegó hasta el Bar Gula. Rápido encontró a Craic el calvo. Raál le siguió por las alturas y cuando le vio a solas, asegurándose de que no se enteraba nadie más, se abalanzó sobre su espalda noqueandolo al instante.

Craic despertó en una suit de Hotel, en una bañera fría con restos de hielo y sangre, no recordaba nada, le dolia la cabeza y sentía dormida su pierna derecha, había una nota en frente de él en la que decía bien grande;

GRACIAS POR TU FÉMUR

En esos momentos Craic supo entonces que había sido una víctima mas del Metalero, ese que robaba prótesis de titanio para fundirlas y revenderlas. Mucha gente decía que todo era un negocio sucio de las empresas que fabricaban dichas prótesis. Craic sacó su móvil y marcó el numero del hospital privado al que estaba asociado,

- Buenos días, Hospital privado A, ¿En qué puedo ayudarle-. Dijo una dulce voz a través del audífono.

A. Alpa

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