Introducción.
Entumecidos por el frío invierno, sus manos cansadas y sus pieles curtidas, con callos duros y ásperos como lijas, pero con la esperanza de que mañana, salga el sol y comience a calentar, la silla siga en pie para poder sentarse y su piel se vuelva fina como la seda. Pero antes, luchan, pero antes, trabajan, pero antes, no olvidan. Su memoria.
Entumecidos por el frío invierno, sus manos cansadas y sus pieles curtidas, con callos duros y ásperos como lijas, pero con la esperanza de que mañana, salga el sol y comience a calentar, la silla siga en pie para poder sentarse y su piel se vuelva fina como la seda. Pero antes, luchan, pero antes, trabajan, pero antes, no olvidan. Su memoria.
Y llegaron muchos para quedarse y ahora muchos mas son los que marchan en busca de las chimeneas humeantes, contaminadas de efímeras esperanzas. Pocos valoran lo que dejan atrás, hasta el día en el que tocan la corneta, y así, sus dormidas mentes, despiertan bruscamente para maldecirse, y en algunos casos, recoger el fruto ya marchito para convertirlo en migajas. Su ansiada herencia.
Pero ahora olvidan el verdadero valor de aquello que se pierde para siempre y no queda recogido en los libros de la historia, ni ya enseñan los maestros, y no es otra cosa que las raíces mas profundas de las que un día brotó la mas bella de las flores, y la mas agradecida sombra en tan ardiente sol, y el mas impermeable paraguas ante las nieves del crudo frío. Tiempos pasados.
Y los menos que intentaron volver, e incluso tan solo, respetar sus orígenes, fueron escupidos y llamados apestados ante las sonrisas pícaras y las burlas odiosas de los que muchos y muchas ahora buscan desesperados aquello prometido y vendido a sus limitadas mentes, cuadradas, avanzadas y modernas. La sinrazón de sus castigos.
Ahora, arrepentidos o no, se ahogan en sus vacías vidas si no llegan a las metas vendidas e impresionantes, que no hablan de pobreza, ni de indigencia ni de precariedad. Que esquivan de manera cruel la realidad para seguir impresionando a los y las ignorantes, creyéndose plenos de su escasa felicidad, en verdad, rebosantes de agonía. La decadencia.
Y es que esto no ha hecho mas que empezar...

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