martes, 28 de enero de 2014

Una tarde cualquiera en un sitio cualquiera

Llevaba unos días hecho polvo, no levantaba cabeza. Tres días antes había estado hablando ya con él sobre mi problema. Me sentía desplazado de este mundo, fuera de sitio. Sentía mi vida y las cosas que me ocurrían como algo pesado y ridículo. La verdad que al despedirnos, pasé vergüenza por todo lo que le conté. Me sentía débil, pero, ahí estaba, esperándole para volverle a ver. Una hora antes me había llamado por teléfono para quedar e ir a dar un paseo. Acepté, claro.

Venía por el parque de al lado de la estación de trenes. Tan vivo, con su apariencia descuidada y ese andar tan peculiar que tenía, arrastrando los pies y a la vez como dando saltitos. Y antes de acercarnos sacó esa sonrisa que te hacía sentir dichoso y bien aunque no quisieras.

-¿Listo para dar un paseo?-. Me dijo después de darnos un gran abrazo. Yo asentí con la cabeza.
-¿Qué, ya estás mejor?.
-Pues bueno. Mejor si, pero aún sigo un poco turbio -. Le contesté sonriendo.
-Vamos, debo enseñarte algo.

Caminamos un rato en dirección a la plaza central de la ciudad, por la calle peatonal principal. Sin decirnos nada, tranquilos. El tenía una propiedad dentro, que solo la sentías si no le dabas vueltas. Aunque no hablase solo con pasear a su lado ya te hacía sentir a gusto y confortado. Es una de esas personas que te hace compañía, aunque hable lo mismo que puede hablar el armario de tu habitación.

De pronto se paró en medio de la calle, estiro su brazo como cortándome el paso y dijo; -Vamos a ese banco de ahí, estará bien-. Y sin decirle nada, le seguí.

Nos sentamos y sacó unos cigarrillos. -¿Te has fijado?. ¿Cuánta gente eh?-. Me preguntó mientras echaba el humo y me pasaba el mechero.

Prendí el cigarro y me quedé observando la calle, abarrotada de gente que iba, que venía. Había tanto transeúnte ese día que era difícil centrarse en la cara de nadie. -Si, incluso se puede decir que hay fiesta o algo, es raro ver tanta gente en esta cloaca de ciudad eh-. Le dije mientras seguía mirando la gente pasar.

-¿Si eh?- Contestó medio riéndose, mi comentario le hizo gracia. -Pero, fíjate bien- Continuó -¿Cuánta gente eh?. Pues piensa que cada persona que ves en este apelmazamiento de cabezas, es un mundo. Cada mundo tiene una historia, rodeada de mil personas diferentes, y cosas, y hechos, y acontecimientos. Ahora mismo puedes estar enfrente de auténticos artistas, de esos que te hacen sentir tus adentros. Puedes estar viendo gente sin darte cuenta que en estos momentos camina por los infiernos. Aguantando tal peso a la espalda, que si te lo contase te parecería hasta irreal. Y todo lo contrario. Seguramente habrá gente que esté en una etapa repleta de felicidad. O enamorados. A los enamorados a veces se les nota hasta en la cara-. Sonrió y miro a la gente estirando un brazo, como ofreciendo algo. -Piensa, por un momento, lo insignificantes que somos, insignificantes pero grandiosos. Piensa, que es imposible asimilar tal cantidad de acontecimientos. Pero sobretodo, piensa, que cualquiera de esos puedes ser tú, que por estar sufriendo no eres el primero, que antes de que sonrieses ya lo había hecho alguien. Piensa en toda esta gente cuando tu vida te pesa. Pues cada uno hace lo suyo, y tú debes hacer lo mismo. Pensar que puedes ser una cara mas de estas que se mezclan aquí, escondiendo ese mundo tan grandioso que llevan dentro-. Dio una gran calada y prosiguió. -Mírales. Con sus vidas. Inconscientes, caminando sin pensar en el poder que tienen en las manos, dentro de sí. Si muchos sabrían que son capaces de sentir, te aseguro que se plantearían cambiar esa vida que tienen. ¿Y tu sintiéndote mal porque te abordan las dudas?. ¡Vive!- Gritó de repente, mirándome con los ojos como platos y una gran sonrisa -¡Disfruta! Al menos dudas y no aceptas caminar dejando pasar todo lo que se te ofrece. Al menos vives y te preocupas por entender lo que sientes-. Apoyó su espalda en el banco y lanzó la colilla a los pies de la muchedumbre.

Yo me quedé desconcertado. Pero de una manera agradable. A la vez que dudaba por que coño me había dicho tanta historia sentía un gran alivio por dentro. Me recordó a la película de Amelie, ese momento en el que la chica se pregunta cuanta gente estará teniendo un orgasmo en la ciudad. Y de repente. Me dio unas palmadas en el muslo y se incorporo diciéndome. -Aprecia que piensas. Aprecia que sientes. Hay algunos que ni siquiera eso se pueden permitir, y otros tantos que ni lo pretenden- Sonrió de nuevo. -Ya nos veremos pronto. Que todo siga bien.

Y se fue. Dejándome solo y apalancado en ese banco. Entre todo ese gentío. Pensando y preguntándome. Razonando. Queriendo seguir mi camino. Se llevó consigo ese peso que sentía sobre mí por ser como soy. Pero no, no se llevó nada. Simplemente, me enseñó a apreciarme.



A. AlPa

lunes, 27 de enero de 2014

Nanalú

Érase una vez un pueblo que se llamaba Nanalú. En Nanalú había personas como Tú y como Yo. Todos vivían practicamente contentos, cada vez que se preguntaban entre ellos "¿Qué tal?" Siempre respondían que bien. Era un pueblo normal, pero tenía una peculiaridad. Sus habitantes cuando llegaban a cierta edad se transformaban, se ponían una especie de disfraz imaginario, imaginario porque a partir de ahí asumían la vida de otra manera a como lo habían hecho desde niños. Esto era una especie de regla no escrita, pues todo el mundo lo hacía, y si no era así, rápidamente estaban todos lo de su alrededor inculcando como debía de ser. Pero no solo la gente cercana, si no también desconocidos, "Es por tu bien" decían, o "si sigues igual no llegarás a nada".

Llegó el día en que uno de sus habitantes, un joven llamado Gumont, pasó la edad en la que todos se transformaban. Pero Gumont no quería transformarse, así pues. Primero vinieron sus abuelos. -Pero hijo, tienes que hacerlo, si no te adaptas todos los demás te repudiaran-. Le decían preocupados y con un gran pesar, pero Gumont se hacia el indiferente. Les decía que le daba igual lo que los demás le hiciesen.

Después vinieron sus padres. -Gumont, ¡Hijo!. Tienes que pensar que tus días de libertinaje y hacer prácticamente lo que quieras ya se acabaron. Debes adaptarte, crear una familia para así conseguir que Nanalú siga igual-. Y Gumont seguía igual -¡Dejaros de historias de inadaptación pesados!-. Les espetó a sus padres, rabioso.

Más tarde se acercaron sus amigos, los de toda la vida. A los que también les tocaba cambiar. -Gumont. Haz caso a tu familia, tienes a todos sacados de sus casillas. Míranos a nosotros, ya lo hemos hecho y estamos tan bien como siempre-. Sus amigos consiguieron hacerle pensárselo al menos, pero Gumont siguió negándose a cambiar. -Yo quiero tener los mismos sueños de siempre, no quiero cambiarles por lo que marcan-. Decía convencido de sus palabras.

Entonces al final fue el sabio de la aldea a hablar con Gumont. A los que no entraban en razón los atendía este y siempre acababan entrando por el aro.

-Debes hacer lo correcto para que todo siga como siempre. Para que Nanalú siga prosperando y creciendo-. Le dijo el sabio a Gumont con una gran templanza.

-¿Lo correcto?. Lo correcto para vosotros es agachar la cabeza y hacer lo que todos hacen -Empezó a levantar la voz Gumont con un tono de desprecio-. Continuar con esta historia a la que todos estamos expuestos libremente mientras crecemos. Esta historia que en la que obligáis con el cambio a continuarla igual. Da igual que hayamos renegado de ella, que nos hayamos reído o visto sus detalles más atroces, tarde o temprano nos toca agachar la cabeza y continuar con esta miseria que nosotros mismos mantenemos cuando llega el cambio- Gumont hizo una breve pausa y terminó tajantemente diciendo. -Para mí lo correcto es cruzarme de brazos ante vuestras órdenes y vuestro cambio. Para mí lo correcto es demostrar que hay otra forma de hacer las cosas.

Entonces el sabio no dijo nada. Solo se limitó a asentirle. Salió de la habitación de Gumont y se fue a hablar con sus padres. Entre los tres decidieron darle la planta de la sabiduría. Era una planta que se tomaba a modo de infusión. Todos los que la tomaban sufrían un shock y al día siguiente cabían dos posibilidades. O se despertaban habiéndose adaptado, digamos, de una manera vegetal. O se despertaban totalmente desquiciados, idos, con la mirada perdida y casi sin saber hablar.

Esa misma tarde la madre de Gumont hizo la infusión y se la ofreció después de cenar. La infusión le supo genial a Gumont, se despidió de sus padres y sus hermanos y fue a dormir.

A la mañana siguiente, como era lo habitual para quien tomaba esa hierba, Gumont no se despertó a la hora. Su madre fue a su habitación a llamarle. Pero cual fue su sorpresa que a Gumont lo encontró con la mirada perdida y en posición fetal, tirado en el suelo, emitiendo sonidos como si no supiese hablar y temblando.

A sus amigos les dijeron que su cabeza no había podido soportar el querer seguir igual, que por eso se  quedó así. Y en Nanalú, todo siguió igual de bien que siempre.


A.AlPa

sábado, 25 de enero de 2014

Algo instantáneo

Unas manos que no saben en donde meterse
Una mirada que no sabe mantenerse firme
Una compañía que el tiempo transforma
Una herida que comienza a abrirse

Una ilusión que despierta miedos
Miedos que esconden deseos
Deseos que pueden dar la vuelta a la vida
Una vida que sabe por qué camina

Cerrar los ojos e imaginar su aliento
Dos amantes disfrutando en silencio
Un silencio al que tapa su respiración
Una luz que se enciende en sus adentros

Una habitación medio a oscuras
Desbordada por tal acontecimiento
Dos cuerpos con el vello de punta
La creación de un mundo nuevo

A. AlPa

lunes, 20 de enero de 2014

La tarde

Un día, un anciano y su nieto fueron al campo a coger moras para merendar y hacer pasteles, el lugar estaba rodeado de árboles, era un claro inmenso, cercado por espinos y zarzamoras. Allí;
- ¡Vamos a coger todas abuelo!. - Dijo el niño con énfasis.
- Solo las oscuras, las rojas están aún sin hacer, mira, prueba una ya verás cómo esta dura y ácida.
- ¡Puagh! ¡Qué mala esta! ¡Pues cojamos todas las negras!
- No hijo coge solo aquellas a las que llegues, y tampoco deberías coger todas creo yo.-dijo el abuelo con un gesto de preocupación.
- ¿Por qué abu?
- Porque imagínate, si viene un amigo tuyo a por moras con su abuelito o sus papas, no va a encontrar ninguna porque te las habrás llevado Tú, y si dejas muy pocas, seguramente se las coman los pájaros. Hay que coger las que te vayas a comer entre hoy y mañana, si coges de mas, se estropearán hijo, además todos tenemos derecho a probarlas.
- El niño sonrió y dijo; - ¡Ah claro! Seguro que ya ha venido alguien a por moras y nos ha dejado para coger nosotros eh abuelo, pero… hay que coger alguna para llevar a mamá y a papá.
- Claro hijo, claro.- Respondió el abuelo con una sonrisa en el rostro.
Y así se pasaron la tarde, luego merendaron moras con azúcar, muy recomendables.

“Una persona sola quizá pueda autoabastecerse y mucho le costará autoabastecer a alguien más…  Pero diez, autoabastecen otras diez si trabajan en conjunto. No te dejes engañar, podemos llegar a ser autosuficientes, hay sitio tierra y agua para todos”.


4 de Marzo del 2013 
A. AlPa

Corregido y revisado por Pablo AK

Su memoria.

Extracto de la conversación de los hijos de los hijos, los nietos:

- Me acordaba de las conversaciones de los Domingos cuando íbamos a comer a casa de los abuelos, después de llenarnos hasta reventar la barriga con el estupendo cocido de la abuela... No he comido jamás otro igual que aquel.

- Ya te digo, tenía de todo y todo casero, todo natural, de los que alimentan como decía la abuela...

- Sí, era una pasada... Pero a lo que iba, que nos salimos del tema. Me acuerdo que siempre nos decían lo mucho que habían trabajado para que nosotros tuviéramos un porvenir, para que fuéramos a la ciudad a buscarnos la vida, que aquello era muy duro. Que seguro que había mas oportunidades aquí, que allí no había otra opción y no daba para lujos.

- Cierto, recuerdo que siempre nos contaba historias de las chaquetas que se daban en el campo, de lavar la ropa en el lavadero junto al resto de mujeres, e incluso en el río. Joder, si que hemos avanzado en comparación con lo que hacían los abuelos...

"Cuanto hemos trabajado tu abuela y yo para sacaros adelante... No teníamos estudios ni nada, dejamos la escuela muy pronto porque había que trabajar, que mi padre enfermó muy pronto y mi madre tuvo que lidiar con 7 hermanos que éramos en mi casa... Con doce años ya cogía el burro y me iba a hacer y a cargar fardos de cereal en el carro, para ir a dárselos a mi madre para que echara de comer a las gallinas, conejos y demás... Y eso cuando ya estaba segado el cereal, pero fíjate, cortar toda la espiga, luego removerla para quitar el grano... Y separarlo luego de las piedras y de la tierra, porque imagínate que muerdes una piedra, te rompes el diente en mil cachos... Y ya cuando conocí a tu abuela lo mismo, ya la traje a casa y bueno, a trabajar también en la casa y cuidando los animales, porque mi madre ya no podía con los huesos, y sacó adelante a mi hermana pequeña y a mis dos hermanos pequeños eh? Y con 19 años ya tuvo a vuestro padre, y así todo. Y bien que hemos arreado para que vuestros padres y ahora vosotros tengáis lo que tenéis... No teníamos casi nada, y lo poco que teníamos lo repartíamos entre todos, no importaba, que donde comían 5 comían 6. ¿Verdad que sí María? Y fíjate, que manos tenemos mas machacadas, porque claro, vete tu en invierno a echar de beber a los animales, que se congelaban casi hasta los barriles en los días mas fríos, porque eso si que eran nevadas y no las de ahora... Y tu abuela a limpiar la ropa, a la fuente del pueblo o al río, depende... O ir a por leña para calentar todo bien... Dar de comer a las gallinas, a los cerdos, preparar la matanza entre todo, eso se le daba a tu abuela que vamos, como nadie...  Y siempre con nada nos conformábamos, y no esperabamos nada a cambio eh? Con tan solo vivir como estabamos y que vuestros padres pudieran estar bien, ya era la mayor de las alegrías... Claro que esperábamos entonces que encontraran un trabajo mejor en la ciudad, eso sí como no hijos, pero solo para que vivieran mejor de lo que nosotros lo hemos hecho, porque es muy dura la vida en el campo, ¿Verdad que sí María? Pero estamos muy orgullosos de lo que hemos trabajado y no creo que nadie nos pueda echar nada en cara..."



- Siempre con lo de la vida en el campo, que que dura era y demás...
- Ya te digo, imagínate ahora tener que ir a trabajar del campo o a los animales... Con el asco que da el olor de la mierda, y las moscas puaghhh...

- Jajaja, ni que lo digas. Además sin televisión ni Internet ni nada puuuufff...

- No cambio yo esto ni por asomo, aunque siempre nos decía lo felices que habían sido ¿eh?

- Ya, pero porque no tenían el Iphone ni la Play jaja, que si no...

- Jajaja si, de verdad. Oye, ¿cómo ha quedado el Madrid? ...

En fin, valores como la humildad, la amabilidad, la generosidad, entendidas en el contexto pasado, han quedado en el mas profundo foso del olvido, sustituidos por los valores como la codicia, la estupidez, la espontaneidad y la tan arraigada cultura del usar y tirar, no solo envases, sino pensamientos, ideas, vidas... En un mundo falto de buenas acciones, y sobrante de imbecilidad, sin ver mas allá de nuestras propias narices. La comparación de las memorias, unas en un mundo de noticias, otras de un pasado de información. Y es que de su memoria, solo queda la anéctoda, y no la moraleja y/o enseñanza.

"Entumecidos por el frío invierno, sus manos cansadas y sus pieles curtidas, con callos duros y ásperos como lijas, pero con la esperanza de que mañana, salga el sol y comience a calentar, la silla siga en pie para poder sentarse y su piel se vuelva fina como la seda. Pero antes, luchan, pero antes, trabajan, pero antes, no olvidan. Su memoria."

Introducción. "Las coordenadas de su historia".

Introducción.

Entumecidos por el frío invierno, sus manos cansadas y sus pieles curtidas, con callos duros y ásperos como lijas, pero con la esperanza de que mañana, salga el sol y comience a calentar, la silla siga en pie para poder sentarse y su piel se vuelva fina como la seda. Pero antes, luchan, pero antes, trabajan, pero antes, no olvidan. Su memoria.

Y llegaron muchos para quedarse y ahora muchos mas son los que marchan en busca de las chimeneas humeantes, contaminadas de efímeras esperanzas. Pocos valoran lo que dejan atrás, hasta el día en el que tocan la corneta, y así, sus dormidas mentes, despiertan bruscamente para maldecirse, y en algunos casos, recoger el fruto ya marchito para convertirlo en migajas. Su ansiada herencia.

Pero ahora olvidan el verdadero valor de aquello que se pierde para siempre y no queda recogido en los libros de la historia, ni ya enseñan los maestros, y no es otra cosa que las raíces mas profundas de las que un día brotó la mas bella de las flores, y la mas agradecida sombra en tan ardiente sol, y el mas impermeable paraguas ante las nieves del crudo frío. Tiempos pasados.

Y los menos que intentaron volver, e incluso tan solo, respetar sus orígenes, fueron escupidos y llamados apestados ante las sonrisas pícaras y las burlas odiosas de los que muchos y muchas ahora buscan desesperados aquello prometido y vendido a sus limitadas mentes, cuadradas, avanzadas y modernas. La sinrazón de sus castigos.

Ahora, arrepentidos o no, se ahogan en sus vacías vidas si no llegan a las metas vendidas e impresionantes, que no hablan de pobreza, ni de indigencia ni de precariedad. Que esquivan de manera cruel la realidad para seguir impresionando a los y las ignorantes, creyéndose plenos de su escasa felicidad, en verdad, rebosantes de agonía. La decadencia.

Y es que esto no ha hecho mas que empezar...






jueves, 16 de enero de 2014

Desconexión

Vive, se libre
Sin ataduras, sin ser
Camina tranquilo, delicado
Como si el camino fuera frágil y se pudiera romper
Escucha fuerte
Mira templado
Habla
Moldea el silencio y haz de él algo bello
Si no
Calla
Y escucha fuerte, firme, entero
Trata el momento tranquilo y con la suavidad de una caricia
Vive
Eterno


A. AlPa