domingo, 13 de abril de 2014

Cazando moscas

Una vez tuve conciencia,
una vez la perdí,
dejándome llevar por esto que nos rodea,
pero más tarde o más temprano. Volví.

Precioso mundo este que nos rodea,
tanta belleza y tanto por descubrir,
aunque muchas veces la vida nos pesa,
somos nosotros a quienes toca decidir,
que color traer entre tanta maleza,
que camino escoger para seguir
con esta historia de la conciencia,
con esta cosa del porvenir.

Nadie sabe que hacemos aquí
pero todos lo saben,
estamos y luchamos por sonreír,
seguiremos haciendo por que deje de existir
esa historia de unos arriba y otros abajo,
el dinero y toda la miseria que le rodea,
pensamiento del ser y sentir de una forma correcta,
la moralidad enferma que impusieron,
los que hoy reinan pretendiendo
analizarlos completamente para que así,
agachemos la cabeza y les limpiemos
el sendero por el que caminan sin pensar en ti.

Acabaremos extinguiendo
eso de mirar sólo por quien queremos,
ese pensamiento
clasista y lleno de falsos argumentos
que apaga lentamente
lo que por dentro tenemos,
capados pero lo sabemos,
aquí estamos todos
y todos sustentamos esto.

(Cada uno es una gota más en el océano
que guarda el universo)

A. AlPa

sábado, 12 de abril de 2014

Inés

Coco, así lo llamaban. Coco vivía en la calle desde que Inés se fue -Ahí te quedas, búscate la vida, yo ya no puedo contigo- Así se despidió la asquerosa de ella en medio de ese bosque, habían ido a hacer un picnic, Coco estaba ilusionadisimo, pero toda ilusión se volatilizó cuando Inés se fue, haciendo verídicas sus palabras.

Desde entonces Coco vive en la calle, se alimenta de algún animal que consigue cazar a duras penas, pues jamás hizo tal cosa. También se alimenta de la caridad de algún bar o algún restaurante, cuando hay suerte, si no, rebusca sobras en la basura.

Todas las noches duerme en un callejón en el que hay un extractor de algún restaurante, ahí está más calentito. Siempre sueña con lo mismo antes de dormir, sueña que Inés vuelve a buscarle y le lleva a casa, sueña con sus suaves manos acariciándolo, sueña con su voz diciéndole cómo fue el día, y así cae rendido al sueño todas las noches.

Una mañana la suerte de Coco cambió, un tipo vestido con un mono blanco y una visera a juego lo despertó en el callejón bruscamente, atándolo el cuello con una cuerda que salía de un gran palo de metal, Coco no entendía por qué tanta agresividad, así pues gruñó y ladró con todas sus fuerzas, un deseo de morderle y arrancarle una pierna a aquel tipo nació dentro de él. Él hombre lo metió a un furgón con otros perros y se lo llevó.

Ahora Coco duerme, vive, come, caga y mea en una jaula. No le gusta la comida que le ponen y tampoco le gusta que venga tanta gente a mirarle con cara de pena, aún así, por suerte, lo sacan a dar un paseo de media hora todos los días, a él y a los demás los sueltan a que corran y desfoguen en una pradera vallada, y siempre que vuelve, su jaula esta limpia, que no seca, pues la humedad del suelo tarda un buen rato en desaparecer, y esto a Coco no le gusta, aunque agradece que limpien la mierda.

Dentro de una semana sacrificarán a Coco si no viene nadie a recogerle, cosa que por cierto no sabe. Él, todas las noches sigue soñando con la persona que lo convirtió en un perro callejero, Inés.

A. AlPa

jueves, 10 de abril de 2014

El revelado de las fotos.

Se preparó su café como todas las mañanas, y mojó en él dos tostadas, de mantequilla y mermelada. Una vez que acabó, se fue al ordenador y se puso a ojear los periódicos por encima, para ver que le podía deparar el nuevo día. Leyó una noticia sobre el medio ambiente, que decía mas o menos que el calentamiento global era una farsa, y otra sobre la contaminación, que avanzaba a pasos agigantados. Mas tarde, fue a mirar el tiempo, para ver si cogía el coche y se iba a dar una vuelta al monte, para respirar un poco de aire limpio, tan necesario cuando se vive en una ciudad puramente industrial. Vio que hacía bueno, y animada, se vistió rápidamente con un cómodo chandal, se calzó unas deportivas, cogió una mochila con agua y un tentempié, bajó al garaje, y puso el coche en marcha. 

Al llegar al monte, aparcó el coche al borde de un camino, y al bajarse de él, respiró profundamente. Una gran sonrisa se formó en su cara, mientras cientos de olores y sobretodo oxígeno, inundaron sus pulmones, ciertamente necesitados de aire puro y limpio. Acto seguido, comenzó a andar por el camino, dirección a la cima de una colina cercana, desde la que se contemplaban unas magníficas vistas, excelente recompensa para los sentidos.

Por el camino, iba observando el buen hacer de la primavera y de las lluvias de las últimas semanas, dado que habían cubierto de flores algunos prados, que resaltaban en el bonito verde de la hierba. Cantaban los pájaros, y de vez en cuando, se escuchaba el zumbido de los insectos, mientras alguna mariposa se dejaba ver revoloteando por el aire con esas trayectorias imposibles de adivinar, irregulares y a como a saltitos. Era ciertamente bonito, y decidió pararse un poco en una roca que lindaba con el camino, y que un gran árbol la daba sombra. Sacó su cámara de fotos e hizo varias a la naturaleza. Después, puso la cámara en el camino para sacarse una foto a sí misma. 



Una vez hecho esto, continuó, y a la media hora más o menos, alcanzó la cima del alto. Soplaba una ligera brisa que resultaba de lo mas agradable, que aliviaba el calor y el esfuerzo realizado por conquistar dicha cima.
Estuvo allí un rato, bebió y comió un poco, sacó más fotos, se hizo otras pocas a ella misma con el paisaje por detrás, y al mirar el reloj, vio que era prudente ir volviendo sobre sus pasos, para coger el coche y regresar a casa a comer y descansar un poco. Volvió por el mismo camino, mas despreocupada y a un ritmo ligeramente superior que con el que comenzó la caminata, debido a que el camino era prácticamente en bajada. Llegó al coche, puso un poco de música y se fue camino de su casa.

Al llegar a su casa, encendió el ordenador, y se dispuso a guardar las fotos para poder verlas mejor. Copió los archivos, los pasó a una memoria, y cuando fué a abrirlos, ocurrió una cosa muy extraña. Las fotos, en la pantalla del ordenador, parecían cobrar vida, es decir, las hojas se movían, los insectos también, las nubes... Era como si estuviera viendo por una cámara lo que estaba pasando justo en ese momento, a través de las imágenes que había tomado. Ella cuando salía no se movía, estaba estática, pero todo su alrededor sí que lo hacía. Sorprendida, decidió comer bien, ya que pensó que quizá estaba cansada y el esfuerzo la estaba jugando una mala pasada. Cuando terminó, volvió a visionarlas y se hizo más evidente que salvo ella, todo lo demás se movía, es más, hasta el sol había cambiado de posición. Desconectó el USB del ordenador y lo puso en la televisión, para descartar que hubiera algún virus o similar. Y ocurría lo mismo. Estaba muy sorprendida, ¿qué era el causante de ese efecto?

Por la noche las volvió a mirar, ¡y descubrió que en las fotos se había hecho de noche también! ¿Qué es lo que estaba ocurriendo? Buscó por internet en vano la respuesta, miró las especificaciones de la cámara, hizo más fotos en casa, pero sólo en las del paseo por el campo sucedía ese fenómeno. Se metió en la cama con las imágenes en la cabeza.

Al día siguiente, al despertar, cayó en la cuenta de imprimirlas. Al hacerlo, en el papel, la imagen no se movía, permanecía inalterada. Decidió ir al campo otra vez, para hacer mas fotos y comprobar si se movían o no. Hizo muchísimas, en todas las direcciones, distancias, etc. Corriendo, cogió el coche y volvió de nuevo a casa dispuesta a cotejar las fotos una tras otra. Pero ocurrío algo todavía mas inaudito. Las fotos, que eran fotos, también tenían sonido. Y tras pasarlas, podía comprobar como los árboles, ¡hablaban!. Y no, no eran vídeos, eran fotos, estaba segura. Entonces fue al monte otra vez, y al bajar del coche, se dirigió al lugar de donde había hechos esas fotos, en las que aparecía un viejo árbol, e indecisa, se puso a hablar al árbol.



 Lo intentó durante diez largos minutos. Pero el árbol no hacía nada. Se puso a gritarle más, y de repente, el árbol habló:

- No grites tanto por favor. Te he escuchado todo el rato. No te asustes de verdad.- dijo el árbol con una voz dulce y preciosa.

Ella, desconfiada, se puso a dar vueltas alrededor del árbol para comprobar si existía algún micrófono oculto o algo, o si era fruto de una broma.

- Tranquila de verdad, no busques, soy yo, el árbol. Sé como te llamas, porque soy muy viejo y muy sabio, y he visto muchísimas cosas por aquí. Y por fin, me he decidido a hablar a alguien en mi larga historia. En realidad, los árboles somos muy tímidos, y nunca hablamos. Somos reservados, y sobretodo nos gusta observar tranquilamente lo que pasa a nuestro alrededor, nos gusta que los pájaros se posen en nuestras ramas, nosotros les cuidamos, y ellos nos cuidan a nosostros.

Ella estaba atónita, seguía sin creer lo que estaba sucediendo.

- Confía en mí. Tengo miles de años, y conozco vuestra historia. No me plantó nadie, tuve suerte de que una de las miles de semillas de mi madre pudiera germinar y en haberme convertido en lo que soy. Quiero contarte una historia.

Ella, se sentó a su lado, se acomodó un poco y el árbol comenzó a hablar.

- Hace muchos años, muchcísimos, cuando no había ni siquiera coches, ni fábricas ni nada de eso, había a pocos kilómetros de aquí un asentamiento humano. Ellos, tenían unas profundas creencias, y siempre venían a sentarse en bajo mis ramas a realizar rituales, en los que a veces también traían animales y demás para sacrificarlos y dárselos a sus dioses. Creían, que si lo hacían, las cosechas les irían mejor, tendrían mejor salud y los hijos e hijas que tuvieran, crecerían fuertes y sanos. Otras veces, hacían luchas aquí, para prepararse ante invasores o animales. Aquí antes, hace muchísimo, había osos y lobos, por increíble que parezca. Después, ese asentamiento se fue de aquí y muchoa mas tarde vinieron otras gentes, de costumbres diferentes. Pero siempre subían aquí a mi sombra a hacer reuniones y a charlar. También creían en dioses, y también hacían sacrificios. Pero siempre cuidaban de nosotros y sobretodo de mí, calmaban mi sed si no había llovido suficiente, y me quitaban las ramas viejas que ya no me servían para nada. Pasó mucho tiempo, muchos años, siglos, cuando de pronto vinieron otros hombres, y les echaron de aquí. Esos hombres estuvieron muchísimo tiempo aquí, pero sólo se dedicaron a talarnos, a cortarnos, no sé muy bien para qué. No respetaban nada, y sólo querían conseguir madera y matar a los animales que estaban por aquí. Mataban a muchos mas de los que ellos podían comer, sin necesidad, por vicio. El monte entristeció, y la naturaleza les pagó con lluvias cuando sus tierras estaban ahogadas, y con sol abrasador, cuando ellos clamaban al cielo por una gota de lluvia. Aun así, siguieron con su implacable carnicería, con su tala indiscriminada y para colmo, ocasionaron un gran incendio, el gran incendio que asoló gran parte de mis compañeros y amigos. La naturaleza tuvo que intervenir. Y ahora, esos hombres y mujeres que estuvieron aquí y que tan mal nos trataron, se han reencarnado en vuestra sociedad actual. En realidad, el viento nos transporta los mensajes de otros árboles del mundo, para decirnos su situación. Y su situación es incluso peor que con aquellos malévolos hombres. Ahora, cada vez hay menos mensajes, y los que hay en su mayoría son de otros árboles agonizando, árboles milenarios, como yo, que han visto y saben muchísimas historias.

Ella estaba cautivada con la sabiduría del árbol, y escuchaba con la boca abierta al árbol.
- Ahora, todos vosotros habláis del cambio climático, pero es la propia naturaleza la que toma cartas en el asunto. Es a nivel global. Tú eres científica. Tú conoces las causas, tú sabes que la contaminación ahoga a los seres vivos. Pero es la naturaleza la que quiere que sea así. Es la mayor fuerza que existe. La subestimáis, y las riadas, terremotos, sequías y demás, son los primeros castigos que está desatando. Vuestra técnica no estará a la altura de ella, ni vuestra sabiduría, porque vuestra técnica generalmente está ligada al servicio de la producción, y no del bienestar del conjunto de la naturaleza. No respetáis. Y la naturaleza se ha enfadado.Yo me he decidido a hablarte para que tú puedas cambiar e intervenir, tomar cartas en el asunto. Has venido a por respuestas para los movimientos de las fotos, y a cambio, te he hablado en nombre de la naturaleza. Por favor, encuentra la manera de que la situación cambie, o en las propias fotos, cuando las vuelvas a ver, verás la evolución si no consigues dicho cambio. Ahora, me despido para siempre. La naturaleza y el mundo, te espera. 

Volvió rápidamente a casa, y se puso a observar las fotos. Sólo pudo llorar, debido que las bellas fotos que había tomado, se habían transformado en un paraje prácticamente apocalíptico, sucio, feo y sin vida. Acabado. Decidió que entonces, dedicaría sus esfuerzos a concienciar y a promover un desarrollo sostenible, para calmar a la naturaleza, para que la respetemos como es, para que la cuidemos y conservemos, para quien sabe, quizá dentro de muchos años, otro árbol vuelva a contar una bonita historia de como cambió la humanidad con la naturaleza para bien, para bien de todos.


Pablo A.K.

Poesía conjunta

Caminando por la vida ya me he cruzado
con unos cuantos demonios,
me he parado a hablar con ellos
y con mas de uno ha habido muy buen rollo.

De todo se aprende, y mas de los demonios.

También me he encontrado con ángeles,
estos suelen ser mas aburridos,
aunque también les hay muy locos,
con alguno hubo algún mal rollo.

De todo se aprende, de unos y de otros.

Lo que he aprendido hablando con ellos
ha sido a ser consciente sobre todo
de que ninguno de ellos cree en dios
y tampoco en el  demonio.

De todo se aprende, con buscarlo basta.

Quien juega con fuego se quema,
quien no se mueve ni pierde ni gana,
quien se cree una mentira currada
es a si mismo a quien primero engaña.

De todo se aprende, siempre que lo enfrentes.

Nos cogimos de la mano para dar una vuelta,
un rato por el aire y otro bajo tierra.
Quemaron nuestros corazones de hielo,
porque cerramos los ojos y tocamos el cielo.

De todo se aprende, a todo no te niegues.

Masticando hierros comprendimos
que sin lucha hoy, perdidos nuestros hijos.
Salid de vuestras casas y gritad malditos,
que los sueños ahí están, y hay que perseguirlos.

De todo se aprende...

A. AlPa & Pablo A.K.

Él

Llegó desnudo, frágil y húmedo
a un mundo que le venía grande,
de parajes desconocidos,
rodeado de peligros y bestias,
le temblaron las piernas.

Creció libre, sin límites, experimentando
y experimentando con lo que le rodea
aprendió a usar herramientas,
herramientas que más tarde
serán las mismas que lo entierran.

Inventó dioses, creó guerras,
buscó excusas para olvidarse de si mismo
y de todo lo que le rodea,
lloró de nuevo por las pérdidas
y hoy otra vez, le tiemblan las piernas.

A. AlPa

La elección.

Caminaban deseosos de encontrar una fuente para calmar su sed, ya que llevaban muchas horas de camino bajo un sol abrasador. Cuando de pronto se encontraron con una lugareña, que a paso lento, llevaba encima un gran canasto el cual posiblemente estaba lleno de agua.

- Hola, buenos días. ¿Sabría usted decirnos donde podemos encontrar una fuente de agua, o manantial o lo que sea para poder calmar nuestra sed?

La lugareña se quedó mirando, y sin decir nada, continuó su camino, lentamente.

Siguieron caminando, cada vez mas cansados, mas sudados y desgastados. Eran las horas centrales del día y pesaban ya hasta los calcetines. Entonces vieron un hombre con un caballo, que se acercaba al trote. Le hicieron una señal y éste hizo parar al animal para que pudiera saber qué querían los caminantes.

- Hola buenos días. Estamos intentando encontrar una fuente donde podamos beber un poco de agua, estamos agotados y llevamos horas sin beber. ¿Sabría decirnos alguna?

El hombre, se quedó pensativo, miró a su alrededor, y sin decir nada, dio un golpe con el estribo al caballo y se pusieron en marcha tal y como venían.

Los caminantes estaban frustrados. Pensaron en dar media vuelta, pero sabían que podía ser su final, ya que era mucho camino y no aguantarían. Decidieron continuar, se la jugaron.

A la media hora, ya completamente desfondados, vieron a un niño pequeño, que llevaba un botijo con agua. Sedientos, le atacaron, pero el botijo se rompió, y el agua fue absorbida por la tierra, formándose un barro asqueroso. El niño, se puso a llorar desconsoladamente. Ellos, tras ese último esfuerzo, se desmayaron en medio del camino. Los buitres llegaron rápidamente. Les comieron vivos, aunque no se enteraron. Al poco rato, empezó a llover con fuerza.



¿Quién tuvo la culpa del cruel final? ¿Los lugareños que no dieron agua ni indicación alguna de donde la podían encontrar, o los sedientos protagonistas de esta breve historia por atacar al indefenso niño que portaba el botijo?

Yo escribo la historia, en ti queda sacar una conclusión.


Pablo A.K.

miércoles, 9 de abril de 2014

La partida.

Dispararon cinco veces, al aire. Por su honor, por su cuerpo mutilado y mugriento, del que tuvieron que sacar un trozo de diente que andaba a tomar por culo de donde había explotado la bomba. No le reconoció ni su otrora mujer, ahora viuda. Lloró a un tarro de barro y cenizas, lloró a un cachito de su traje, medio calcinado. Y de consolación, unos hombres viejos y con trajes de muchos galones, la dieron una medalla. Al mérito debía de ser. Creen que Dios le tendrá en su gloria, si es que él también le reconoce ahí arriba.

Cavaron un buen hoyo, metieron el tarro dentro de un ataúd, sencillito, sin estridencias, le pusieron un trapo encima, por el que los viejos decían que había muerto, y venga, para dentro. Tiraron unas flores, a juego con los colores del trapo. Pusieron cara de como si andaban estreñidos y llevaran un mes sin echar un buen cagado. Palmadita en la espalda a la viuda, y se metieron en sus flamantes coches oficiales, negros esta vez para la ocasión, a juego por supuesto, con su corazón, o como la ceniza en la que se había convertido el cadáver.

Cogieron el teléfono y ordenaron sacrificar a varios de sus hombres y mujeres en otro ataque de una guerra sin sentido. En su negocio. Gran partida de ajedrez, retransmitida por televisión ante el pueblo anestesiado, con árbitros de un color muy claro, imparciales, y como peones, soldados rasos y civiles que no entienden nada, que confundidos, creen que tienen mucho que ganar y poco que perder. El colmo de la ignorancia.

Mañana, otras setenta nuevas muertes por la patria. ¡Aleluya! Es todo tan normal... Pero por si acaso, una buena dosis de anestesia por el cristal de la pantalla. Saturados de mierda. Y ellos, los viejos con galones, contando sus ganancias, mientras están echando una buena cagada, aquella, que no les salió el día en el que despidieron a un "hijo".




Valientes hijos de perra...


Pablo A.K.