lunes, 10 de marzo de 2014

El secreto del Hombre Sin Nombre

2º CAPÍTULO

Invierno, atardecía. Me quedé sentado en frente de ese edificio macabro. Medio derruido por el paso del tiempo y el desentendimiento de su mantenimiento. Estaba sentado en el bordillo de una acera, sobre un cartón, pues el suelo todavía andaba húmedo y frío de la nieve que se había descongelado esa misma mañana. Me quedé mirando al cartel <<LIBERTAD, RESPETO Y COMPROMISO>>. Ese cartel tan llamativo y carcomido. Con la.luz del atardecer tenía otro aspecto, y era bastante curioso, porque las letras aún se distinguían menos. Tiré la colilla, me levanté y me dirigí hacia las escaleras.

Al llegar arriba empujé la puerta, y cuál fue mi sorpresa que allí no había nadie. Estaba esa pequeña habitación vacía. La luz encendida y un olor rancio de no ventilarse mezclado con el del tabaco. En medio de la habitación. Un papel. Me acerqué y lo recogí, decía:

***
HOLA VIGO. NO INTENTES ABRIR LA PUERTA PORQUE NO VAS A PODER. PARA ELLO DEBERÁS TRAERME ALGO QUE DEMUESTRE QUE ERES UN HOMBRE DE PALABRA. NO TE PREOCUPES. EL DÍA QUE VENGAS TE ESTARÉ ESPERANDO.

EHSN
***

Por supuesto que lo primero que hice fue ir hacia la puerta. En la que había escrito con letras quemadas<<AQUÍ TAMBIÉN LO ERES>>. No tenía pomo, la empujé y... Nada. Apenas se movía. Era como si detrás de la puerta hubiera un tabique que no te dejaba abrirla. Y tirar tampoco podía, pues era plana, como un tablón, sin tallas ni adornos de donde intentar agarrar con la punta de los dedos.

Así pues desistí y empecé a cavilar sobre a qué se referiría El Hombre Sin Nombre con eso de que tenía que llevarle algo que fuese de palabra. Rápido caí en la cuenta. Di la vuelta al papel y escribí:

***
EN UNA SEMANA VOLVERÉ, CUANDO EL SOL ESTE CAYENDO Y LA NOCHE SE ABRA PASO EN EL CIELO.

VIGO
***

Lo dejé donde estaba y me fui.

Al salir del edificio cual fue mi sorpresa que la luz de la habitación estaba apagada. Con lo cual me di media vuelta y volví a subir. Pero nada. Allí no había nadie, y para mas misterio, el papel había desaparecido. Me dirigí a la puerta plana y seguía sin poder abrirse. Así que, totalmente desconcertado me largué de ese lugar y volvería a la semana siguiente.

...

Pasó una semana y volví. Claro que volví. Subí las escaleras, abrí la puerta y allí estaba, el Hombre Sin Nombre. Esta vez vestía un traje gris a rayas de diferentes tonalidades, estaba peinado hacia atrás. Con su palidez, sus ojeras y esa rugosidad tan peculiar. Pero sus ojos brillaban. Parecía contento de verme. Estaba mirando hacia la ventana desde el medio de la habitación, con su cigarro. Se giró en cuanto entré y esbozó una sonrisa.

-¡Hombre Vigo! ¡Un placer verte! ¿Qué te trae por aquí?.- Dijo mientras se volvía de nuevo hacía la ventana.
-Hombre Sin Nombre.- Hice una pausa, sonriéndole. -Los dos sabemos por qué he venido,- Le contesté mientras me acercaba hacia él -¿No tendrás un cigarrín por ahí?.- Pregunte mirándole las manos. Y me quede a su lado, acompañándole en la visión que nos regalaba la ventana.-Aquí tienes.- Me pasó el pitillo -Gracias.- Dije y me extendió los brazos, con el mechero entre las manos.
Nos quedamos en silencio, fumando mientras mirábamos por la ventana. Se estaba a gusto la verdad.
-Entonces. ¿Tienes ganas de saber lo que hay detrás de la puerta?- Me preguntó mientras se agachaba a apagar el cigarrillo en el cenicero, que estaba en el suelo.
-Si. La verdad que estoy bastante intrigado. Está semana lo he pensado mas de una vez.
-¿Y por qué tanto interés?.- Me preguntó con una sonrisa traviesa, la misma sonrisa que la otra vez.
-Me gusta la intriga, lo desconocido y lo extraño. Y más esto. Por el cartel y por la peculiaridad de la puerta.- Dije mientras apuraba las últimas caladas, echando el humo.
-Está bien que seas curioso, pero, tienes que saber que tras esa puerta hay una de esas situaciones que te enseñan, de tal manera, que una vez que comiences no podrás volver atrás, no podrás hacer absolutamente nada para borrar lo hecho.
-Bueno, eso es lo que pasa con todo prácticamente. Lo hecho, hecho está, ¿No?.- Le dije encogiéndome de hombros.
-Si, si- Dijo, y seguidamente hizo un gesto con la cabeza hacia la puerta, indicándome que le siguiese.
Apagué el cigarrillo en el cenicero del suelo y fui tras él.

Detrás de la puerta un pasillo se extendía ante nosotros. Sonaba de fondo una música que me recordaba a algo así como el Blues, muy bajita. La iluminación era tenue, estaba decorado con una especie de moqueta aterciopelada, de varios rojos, cambiando tonalidades entre el suelo, techo, paredes y puertas. Había una puerta en cada lado y un foco. Una puerta y un foco, una puerta y un foco. Parecíamos estar en un hostal. Iba siguiendo al Hombre Sin Nombre por un pasillo que no sabía de dónde coño salia, era totalmente ilógico pensando en el edificio, pero la verdad que todo era realmente ilógico. Desde el cartel roído hasta el hombre que tenía en frente de mí.

Estuvimos caminando un buen rato, en silencio. Se hizo bastante largo. Pues veíamos la misma imagen de pasillo durante todo el jodido trayecto. Hasta que llegamos a otra puerta, blanca y también, lisa, sin pomo ninguno. El Hombre Sin Nombre empujó y tras ella apareció una especie de antro. ¡Un puto antro! ¿Dónde coño estábamos?. El bar, tanto decoración como ambiente. Me recordaba a un bar de esos que salen el las películas de época, estaba lleno de gente, desperdigada. Había poca gente en grupo o en pareja. Y el local era gigante. Fuera la calle, de día. ¡Era de día!. Yo no sabía nada, no tenía ni idea de qué estaba pasando ni de donde me había metido. Seguí al Hombre hasta una barra .

-¿Qué quieres de beber? Ahora te explico todo.- Dijo mientras se sentaba apoyando un codo en la barra y con el pie colocaba otro taburete para que me sentase.
-Cualquier cosa que me ayude a escuchar, con hielo.
-Dos ginebras con limón y soda por favor.- Dijo levantado un poco la voz, mirando hacia la barra.
Casi al momento apareció un camarero con todo el tinglado. Nos sirvió.
-Gracias Teodoro. -Dijo el Hombre Sin Nombre
-De nada Dovido. - Contentó el camarero esbozando una sonrisa cómplice.
-¿Dovido?, ¿Te llamas Dovido?, ¿Tienes nombre?-. Le pregunté exaltado, echándome hacia atrás.
-Claro- Dijo mientras se reía -Aquí si tengo nombre, aquí soy. En el otro mundo ni siquiera existo. Y este es el tema del que quiero hablarte. Te necesitamos para hacer unos cuantos encargos entre los mundos. Y ahora te explico, no te preocupes.- Dijo mientras me apoyaba una mano en el hombro. Me debió de ver la cara de estupefacción. -Yo voy a irme a hacer un recado,- Continuó -si quieres enterarte de como va todo esto de los mundos y demás, que supongo que si, puedes hablar con casi cualquiera de los que están rondando por este local, pero yo te recomiendo ese que ves ahí al fondo, el que lee,- apuntó hacia uno de las mesas del bar. Allí había un hombre grande, con el pelo y la barba largos y rizados. -se llama Rojo. Y la bebida ya esta pagada, si quieres más pídela y no te preocupes, va todo a mi cuenta. Estate por aquí hasta que vuelva. ¿Vale?.
-Vale-. Contesté encogiendo los hombros. Por contestar algo, porque estaba totalmente desconcertado.

Di un trago, agarré la copa y me acerqué hacia ese hombre del fondo. Nadie me observaba, cada uno estaba a lo suyo y eso me hizo estar cómodo.
-¿Señor Rojo?.- Le pregunte parándome en frente de él.
Bajó el periódico y levantó los ojos -Lo de señor te lo guardas y, ¿Sí?-. me preguntó mientras apoyaba los codos en la mesa, cruzando los brazos y quedándose con esa gran cara mirándome. Tenía una cara risueña.
Yo contesté decidido. -Hola, soy Vigo. He venido de... He venido por los pasillos, por uno rojo, con Dovido. Fue a hacer un recado y me recomendó que hablase contigo.
-Está bien, siéntate.- Dijo mientras apuntaba con el brazo a la silla de en frente.
Me senté. -Yo escucho.
-¿Y qué es lo que quieres escuchar?
-Pues no sé...- Respondí, dudoso. Esa pregunta me pilló desprevenido, asi que opté por preguntarle. -¿Qué hago aquí?
-A no sé, eso será cosa de Dovido. A ese tipo de preguntas no te puedo responder Vigo.- Me dijo poniendo cara de circunstancia.
-Pues...- Dudé, y estaba empezando a ponerme nervioso. -¿Dónde estamos?
-Estamos en un local de encuentro, se llaman Amaneceres. En un amanecer.- Soltó una carcajada -Bueno, en estos locales es donde se encuentran las puertas que enlazan la tierra de la que vienes con esta. Aquí siempre se recibe a los recién llegados, como tú, por eso se llama Amanecer.- Dijo tranquilo.
Yo, me alteré -¿Y por qué es tan largo el pasillo? ¿Para qué tanta puerta?- No entendía nada. -¿Y qué es eso de los enlaces? ¡¿Qué mundo es este?! ¡¡¿¡QUÉ PINTO YO AQUÍ!?!!. - Un escalofrío recorrió mi cuerpo, después de marearme, me desmayé.

A. AlPa

sábado, 8 de marzo de 2014

Una leyenda




Erase una vez una princesa, pero esta no era una princesa que esperase a ningún príncipe, ella estaba a gusto como estaba sin necesidad de príncipes y cuentos de hadas. Acostumbraba a salir por el bosque a dar paseos y acercarse a la charca de las ranas, quedarse quieta y escuchar el comienzo de sus cantos junto al de los pájaros, esa sensación le encantaba.

Un día, mientras se encontraba sentada al lado de una charca, con los ojos cerrados, una muchacha se le acercó y ceso el croar de las ranas. La princesa abrió los ojos, la miró, y antes de que abriera la boca, la muchacha le pregunto que qué era lo que hacía. La princesa, muy tranquila respondió que se sentase en silencio y esperase.

Cuando las ranas empezaron a croar de nuevo la muchacha chillo, volviendo todo a quedarse en silencio. La princesa le pidió explicaciones y esta dijo que si escuchaba el croar de las ranas no iba a haber príncipe ni muchacho que la quisiese, así decía la leyenda. La princesa se exaltó y se quedo en silencio, llena de tristeza. Se levantó y se marchó, sin decir nada,  pensando en que no quería estar con nadie por culpa de las ranas.

Desde aquel día no volvió a salir, y al tiempo de ello, conoció a un príncipe con el que se casó. Pero no era feliz porque jamás se sentía a gusto, así que un día decidió volver al bosque, a la charca. Y en cuanto volvió a escuchar el canto de las ranas junto al de los pájaros, una inmensa alegría la inundo, haciendo brotar sus lagrimas, recordando que estaba mejor sola, que si no quería ningún príncipe era porque pensaba que no sabían hacerla feliz, que solo se había dejado llevar por las palabras de aquella muchacha engañada, la cual jamás sentiría esa preciosa sensación de escuchar a los pájaros y las ranas sin ningún miedo.

Cuando volvió a casa, agarro al príncipe y le llevó a escuchar las ranas, pues quería compartir con el esa felicidad, felicidad de la que fueron participes hasta su muerte, y con su muerte, desapareció esa tonta leyenda de las ranas.


07/09/2009
A.AlPa

En uno de sus paseos

-¿Qué es el egoísmo abuelo?.
-Algo así como la avaricia. Una de las peores enfermedades que puede tener un hombre hijo.
-¿Y la envidia?.
-La envidia es la hija del egoísmo.
-¿También es una enfermedad?.
-Si hijo. Son enfermedades que si te entran cuesta muchos pesares quitarlas, pues se te apegan al alma.

* La privatización es el derecho al robo, el fruto del egoísmo, la loa a la envidia.



A. AlPa

jueves, 27 de febrero de 2014

Vómito

Esto fue la excusa perfecta para crear al fin un estado de sitio. Hoy ya no puedes hacer nada. Casi tienes que dar cuentas de hasta la cantidad de oxígeno que necesitas al día para seguir viviendo.

Lunes. Segunda semana de Marzo.
Lo que producían sus uniformes en esa muchedumbre no era para nada algo hermoso. O si. ¿Según se mire todo no?. Es hermosa la rabia cuando va directa a algo que oprime el simple deseo de vivir, el deseo de querer saborear la vida. Y bien, la muchedumbre, el tumulto, se agolpaba en frente de la fila de antidisturbios, empujándose y gritando. Rozando la línea negra que formaban los cuerpos de seguridad, (curioso nombre, por cierto) se agolpaban, se empujaban y comprimían cada vez más y más cuerpos y cabezas. Pero de esa línea. De esa línea no pasaban. Allí, al otro lado. Coches de última generación, blindados, se acercaban lentamente hacia el congreso. Y de pronto. ¡Booom! Algo explotó entre la muchedumbre, bañando así todo de sangre, entre gritos y desorientación, esparciendo vísceras y extremidades por todos los lados. Por un momento se formó el caos. La gente se alteró, los antidisturbios comenzaron a cargar, y los coches que iban a paso lento, aceleraron bruscamente y se alejaron del lugar.


***

Martes. Última semana de Febrero:
En un despacho secreto, los peces gordos del país se reunían con los mandatarios.
-Estamos ante una situación que se nos escapa de las manos. La gente tiene acceso a mucha información, casi toda la que quiere. Pero no podemos permitir que sepan de nuestros movimientos económicos, pues a poco que escarben se darán cuenta de cómo los manejamos.
-Pero nosotros no podemos hacer nada.  Vivimos en una democracia y ellos tienen su derecho a informarse y saber como se mueven los hilos. Además... No cabe preocuparse. Por mucho que sepan las cosas seguirán su cauce.
-Si es para preocuparse. Todos sabemos que cuando una idea crece entre tanta gente se puede llegar a expandir como el fuego en un campo de pelusas.
-¿Y qué solución proponéis?
-Inventaros un ataque terrorista. Coged un cabeza de turco y metedle en la mente una idea psicópata. Necesitamos un acontecimiento, algo que obligue a duplicar la seguridad y el control. Así podremos hacer lo que realmente queremos sin que nos ralentice su puta curiosidad.
-Eso saldrá caro.
-Aquí no importa dinero ninguno, antes esta nuestra seguridad, la seguridad de la raza superior.

***

Miércoles. Primera semana de Marzo.
Janfly estaba barriendo, con su peculiar y llamativo peto naranja. <<Crunch>>. Piso un insecto. "lo siento cucarachita, pero no te vi" dijo entristecido. Limpiaba los pasillos ya para acabar. De fondo se escuchaba la radio, a la que Janfly prestaba gran atención. Se oía un programa que hablaba sobre el país y su situación. Hablaba de lo que iban a subir los impuestos. De las nuevas leyes de protección, en las que se incrementaba el control entre los ciudadanos. Por lo visto iban a crear una especie de documento identificativo en el que estaría incluido tu historial médico y penal, así como también tu cuenta bancaria y tu dinero. "Desde que unificaron los bancos todo va a peor, ahora su empresa es la que manda descaradamente sobre todos nosotros. Un banco, una multinacional que mantenga a cada uno en su redil y bajo sus normas. Una sola moneda mundial. Una base de datos. Un modelo... Esto no puede seguir así. Al menos no en este país en donde siempre hemos disfrutado de la diversidad y la libertad de espíritu" pensaba Janfly. Apagó las luces y se fue a su casa. Caminaba tranquilo como hacía siempre, mirando hacia el cielo mientras caminaba, pensando en si mismo, en su razón, en su fin, en que hacer con su vida "Yo tengo que pasar a la historia" Se decía siempre.

Llegando a su casa. Janfly se alarmó, pues la puerta de su casa estaba abierta, pudiéndose ver luz a través de la rendija que dejaba. Así pues tan rápido como pudo, estaba dentro de la casa, de rodillas,llorando, con su perro entre los brazos. A su alrededor la casa. Reventada. Alguien había entrado simplemente a romper su casa. Pues parecía que no faltaba nada. Pero a Janfly lo que le mataba por dentro era la muerte de su perro. Le soltó y grito. Gritó mucho, durante un rato. Luego; fue al baño, se duchó tranquilo y relajado, se afeitó, se vistió y fue a su habitación. Encendió su ordenador y mandó un correo a la empresa diciendo que se cogía dos días libres. Se perfumó y se largó. A Janfly le gustaba desfasar cuando perdía un ser querido, ir a beber hasta quedarse sin conocimiento. ¿El perro? El perro muerto, dentro de la casa.

Ya esa misma noche Janfly perdió el conocimiento. Se comió una hierba que le dieron por ahí unos tipos que conoció, de repente, no les había visto en su puta vida. Y ahí ya no supo mas de si hasta el Domingo.
-¿Dónde estoy? ¿Qué día es hoy?
-¡Es domingo!- Le gritó aquel hombre al que no conocía de nada. -¿Qué te has comido chaval!.
"Domingo" Se decía Janfly mientras volvía a su casa para descansar y cambiarse.

***

Miércoles. Última semana de Febrero:
Sonó un teléfono.
-Si, diga.
-Buenos días, tengo un encargo para ti, soy el general.
-¿De qué se trata y como se llama?
-No tendrás mas gastos en toda tu miserable vida, así se llama.
-Bien, te escucho.
-Dentro de una semana tienes que ir a la calle Brotes, numero veintisiete, primero ce. Entra al apartamento y cargate al perro. Luego el sábado tienes que volver y dejar allí un chaleco que te daremos cargado de explosivos, en un sitio visible. Las condiciones es que no puedes hacer preguntas ¿Aceptas?
-Por supuesto.
-Bien. Mañana a las siete de la tarde pasate por mi despacho.

***

Martes. Primera semana de Marzo.
En los laboratorios de investigación generales del estado. Varios científicos se reunieron. El investigador jefe habló:
-Tenemos un encarguito nuevo compañeros. Se trata de un ataque psicológico. El sujeto Se llama Janfly García, treintaisiete años, trabaja en el mantenimiento de una de las empresas de alimentación. Fin de semanas libres. Ha estado detenido en varias ocasiones por la destrucción de bienes públicos en manifestaciones. Su punto débil es su mascota, por la que siente un gran cariño. Y bien, debemos atacarle con la psicopatía. Es el cabeza de turco para provocar un atentado antes de que empiece la reunión en el congreso, en la manifestación que hay organizada en frente de el mismo. Propuestas.
-Podríamos mandar a alguien para que mate a su perro, si le tiene mucho cariño, al encontrarle muerto seguro que cuando libre el fin de semana se mama hasta reventar. Ahí le podremos hacer mejor el ataque, porque apenas tendrá conciencia.- Propuso uno de los científicos.
-Bendito alcohol. Facilita las cosas- Dijo otro de los allí reunidos.
-Esa es la idea.- Repuso el investigador jefe.
-El fin de semana es la mejor opción, la gente anda evadiendose de esta realidad insoportable. Podemos meterle toda la base en la conciencia, ayudándonos con su pesar por la muerte del perro. Le podemos crear una subrealidad a partir de sus creencias y que el lunes cuando despierte de la mona tenga todo preparado. Le atacaríamos con la idea de que hace un acto revolucionario-. Añadió otro de los científicos.
-Buena idea, el chaleco con explosivos estará el lunes listo para que se inmole. Así bien caballeros, manos a la obra.- Concluyó el investigador jefe.

Prepararon la maquina. Se trataba de un aparato que mandaba ondas con la frecuencia del pensamiento a un sujeto en concreto, los científicos debían meter los datos y buscar el momento mas adecuado, básicamente solo era eso.

***
Lunes. Segunda semana de Marzo.
Janfly se despertó con un tremendo dolor de cabeza. Llamo desde la cama al trabajo. Respondió la secretaria.
-Departamento de mantenimiento. ¿En qué puedo ayudarle?.
-Soy Janfly preciosa. Hoy también me cojo el día libre.- Y colgó sin dejar responder a la secretaria.
Se levanto de la cama y fue hacia el salón. Allí estaba el chaleco de explosivos " A por ellos" Pensó Janfly.
El perro seguía muerto, empezando a apestar.
Janfly se puso el chaleco y encima de el su uniforme del trabajo. Salio de la casa, se acerco al congreso.
Llegando allí el corazón le iba a mil y en su cabeza solo repetía "Voy a cambiar el rumbo de la historia, voy a cambiar el rumbo de la historia". Se inmiscuyo entre la muchedumbre y <<Click>> apretó el botón. ¡Booom!. Janfly saltó en trocitos.

***

Martes. Segunda semana de Marzo
En un bar cualquiera de la ciudad, en el televisor se escuchaba: "Los dirigentes han aprobado esta mañana la nueva ley de seguridad. A partir de esta misma mañana queda abierto el toque de queda. Ningún ciudadano, ya sea hombre, mujer o niño, podrá estar en la calle a partir de las tres de la tarde. Cualquiera que este fuera a partir de esa hora será detenido".

***

Lunes. Segunda semana de Marzo
En un restaurante, cerca del congreso.
Estaba mirando por la ventana cuando de pronto vi a un hombre con un peto naranja que se acercaba al congreso, mezclándose con el gentío de la manifestación. Caminaba nervioso, sudando. Y sucedió. Yo me acerqué al dependiente y le pregunté:
-¿Para vomitar?
-Al fondo, todo recto-. Me contestó sonriendo el dependiente.
Me acerque hasta ese retrete, limpio como los chorros del oro, y pensando en ese hombre saltando en trocitos, vomité.


A. AlPa

martes, 25 de febrero de 2014

Su sueño, la realidad.

Desencanto, descontento, decepción,
palabras que resaltan en nuestra mente
al pensar en esta nación...
Es España.

Habeís convertido la política en una porquería,
la sociedad en una masa sin ningún tipo de ideología,
la cultura en algo pomposo y efímero,
mientras seguís orgullosos de vuestros putos medios de desinformación,
mientras seguís defendiendo esta educación
en la que se crea mano de obra
sin principios ni condición,
y se separa por clases a la población...
Más mientras tanto
la audiencia duerme.

Y nos limitáis, sorprendentemente con nuestra aceptación,
y pensar, que lo haga otro, que yo no entiendo,
y protestar, que lo hagan los que no tienen nada
que yo tengo mi trabajo de 600 euros mensuales
y para conservarle, todos los culos ando lamiendo.

Se trata de que no hagas, de que no pienses,
te van a esquilmar dentro de poco tus bienes,
mientras de presión estallarán tus sienes,
lenta agonía que durará quince mil meses.
Pero mientras tanto
La audiencia duerme.
Pablo A.K. & A. AlPa

viernes, 14 de febrero de 2014

Los hachas


Un día llego un gigante a un prospero poblado en el que habitaban cuatrocientos hombres, y a cada uno de ellos les entregó un hacha. Una minoría de hombres le detestaron y se exiliaron en grupo a otra parte de la tierra, otros se pusieron a cortar árboles y construirse casas, mientras hubo un grupo que esperó con el hacha en las manos a que acabasen las casas para matarles y robárselas. Pero hubo también una parte que no sabía qué hacer con el hacha y tampoco quería tirarle.

El día en que acabaron sus casas aquellos que trabajaron día y noche para vivir más cómodos, fueron asesinados brutalmente por los que estaban esperando… pero entonces, aquellos que se quedaron con el hacha sin saber que hacer se dieron cuenta de tal injusticia y los mataron.

Al final los pocos que quedaron, enterraron los hachas y se fueron con los que en un principio habían rechazado tal herramienta.

“Un hacha sirve para cortar árboles, y también cabezas”.
Herman Hesse.


10/12/2009
 
A. AlPa