- ¡Pastillas! -exclamó de repente-. ¿Dónde están mis pastillas? Sin ellas no puedo vivir, y me las escondéis vilmente, sabiendo que yo estoy postrado en la silla sin tan siquiera poder moverme sin que me crujan los huesos, sin que me...
- ¡Cállese! -cortó abruptamente el joven que cuidaba al anciano- Viejo inútil... Siempre estás quejándote, y no me dejas ni vivir. El día que falte yo, no podrás ni limpiarte la mierda de tus nalgas caídas.
El anciano, bajó la mirada abatido ante tan dura afirmación, sabiendo y a la vez maldiciendo para sí mismo que esa fuera la terrible realidad. Pero tras un breve tiempo de meditación, suplicó de nuevo:
- Sabes de sobra que sin mis pastillas puedo morir en horas, y aun así sigues con ese aparato en la frente intentando tener sexo a distancia. Por favor, apárcalo un momento y facilítame lo que te estoy pidiendo...
- ¡Joder! Otra vez tu maldita voz. Así es imposible concentrarme, tu no lo entenderías jamás porque sólo vives anclado en tu pasado siglo. Ahora no me vengas con tus retaílas de siempre, que si antes jugábais al balón, que si el cacho ese de madera... Como le llamabais...
- Peonza. -comentó el anciano- Te lo he contado muchas veces y no me has hecho ni caso. También éramos felices con las canicas, salíamos, corríamos y verdaderamente jugábamos...
El joven, desenganchando los últimos sensores cerebrales y visiblemente enfadado, continuó abroncando al indefenso viejo.
- A nadie le importan ya tus historietas, no interesan porque no hace falta salir de casa para tener una relación, para jugar, para pasárselo bien. No consigues entender lo que pasa, tu te has quedado atrás, no te has adaptado y ahora deberías de dar gracias a los avances que te permiten seguir viviendo a pesar de tu cáncer, antes terminal. Pero en vez de eso, sólo te quejas de en qué nos hemos convertido. Siempre con lo mismo, a nadie le importas ahí fuera...
- Pero es que nadie me espera ahí fuera, ni tan siquiera a ti joven incauto, porque ya no queda nadie, las calles se vaciaron.
El joven pensativo volvió a la carga:
- No queda nadie porque gracias a los avances ya no hay que ir a comprar comida, ni sacar al perro, ni mucho menos se juega a tus vetustos juegos de pacotilla. - espetó el joven creyendo decir una razón indiscutible-. Mira viejo, cuantos como tú en tu situación están felices por seguir con vida, antes era impensable llegar a los 110 años y lo sabes... Pero en vez de agradecer todo lo que hace el progreso por vosotros solo os quejáis y quejáis, solo se oyen los lamentos que emitís por vuestras bocas...
El anciano, harto de estar dando las gracias, replicó vehementemente con la sabiduría que da el tiempo, a tales, para él, estupideces.
- Joven, por tantos y tantas como Tú, la humanidad ya se ha deshumanizado completamente. No tenéis ningún valor, jamás conoceréis lo que es el amor, con esos aparatos masturbadores de cerebros. Ni sabéis lo que es el sol o un cielo estrellado, porque vuestras máquinas, que os esclavizan, han contaminado los cielos y las aguas donde estos se reflejaban. Las redes sociales fueron el principio del fin de lo verdaderamente social. ¿Cuánto hace que no hablas cara a cara con otra persona que no sea yo? Seguro que lo has olvidado. Todo virtual, todo ficticio. Las calles... Esas calles limpias de las que presumís, no os dáis cuenta que están limpias de gente? Solo robots haciendo todas las tareas habidas y por haber.... -El joven estaba empezando a ponerse verdaderamente nervioso, no sabía que contestar, y sólo balbuceó unas palabras, que ni el mismo entendió. El anciano prosiguió.- Nos decís que deberíamos estar agradecidos al progreso... Mira mi enfermedad, claro que hace muchos años sería incurable, pero como lo es hoy. Las farmacéuticas solo siguen dictados económicos, porque no me curan, solo intentan mantenernos con vida para que sigamos comprando sus productos-medicamentos y sigan enriqueciéndose a costa de nuestro sufrimiento y agonía, sabiendo que aun tenemos miedo a la muerte. ¿Es eso progreso? ¿A eso tenemos que estar agradecidos, a sinvivir 110 años?-.
El joven en un intento desesperado por frenar la avalancha de verdades respondió:
- ¡¡Falso!! Sin nosotros no podríais seguir así, y gracias al tiempo que tenemos por los avances podemos cuidar de vosotros.
- Jajajaja... Pobres infelices. Los gobiernos han conseguido el equilibrio perfecto. Viejos que pagan por su agonía y jóvenes que a cambio de tiempo son recompensados con la residencia del anciano o anciana de turno. Aceptasteis como tontos aquella propuesta, pero no os dais cuenta de que ahora todos estamos anulados, con la diferencia de unos por viejos, y otros por gilipollas. Estáis agonizando día a día, pero nosotros estamos ya muertos, muertos en vida, y por eso no nos importáis, solo os queda lo material, cuando lo sentimental y espiritual lo habéis perdido, solo sois un gran rebaño de ovejas en busca de un redil para hacerlo propio. No valéis nada. Habéis renunciado a vuestra liberación, porque estáis enganchados a la tecnología y a la comodidad mientras otros se han lucrado y hecho amos del mundo.-
El joven, solo acertó decir:
- Tú tampoco tienes a mano la liberación.
El anciano, con rostro serio, y mirada fija en el desdibujado rostro del joven, espetó:
- Tan solo he de dejar de tomar las pastillas para verdaderamente curarme, para finalmente, liberarme, para morir... Yo puedo decidir, Tú, no.
Llorando, el joven sabiendo inútil refugiarse en la realidad virtual, intentó bajar a las calles para buscar un abrazo. Las tan avanzadas máquinas no fueron capaces de consolarlo con sus fríos brazos metálicos, y fue así cuando se dio cuenta el joven, que la humanidad avanzada, ya no tenía nada de humano.
Pablo A.K.
Pablo A.K.


No hay comentarios:
Publicar un comentario