martes, 16 de septiembre de 2014

Flemas.

El esfuerzo con los calores, en la obra, en la mina, en el campo, en las factorías.
El sudor de la frente, de la espalda, del culo, de todo el cuerpo, rancio olor.
Los callos de la piel, de las manos, de los pies, de la cara curtida por el viento.
El volver a casa, deshechos, a dar felicidad a los tuyos, grato agradecimento.
El sabor a salitre de los que están lejos en el mar, en la peligrosa e impredecible mar.

El riesgo, de aquellos y aquellas que quizá ya no volverán, no, no son accidentes... No son accidentes hijos de puta, es terrorismo. No, no son simples víctimas, no tienen menos valor, son héroes. Héroes cotidianos, en los que la costumbre de la rutina ha despojado de ellos el sentimiento de saber que puede ser el último día de sus vidas. Ojalá fuera esa sensación la vuestra, ojalá... 

No para la maquinaria el estado cuando alguno de ellos se revienta o es aplastado por la prensa, o cuando pierde los dedos arrancados por sierra, o cuando una temible ola hunde sin remedio el barquito, o las quemaduras del ácido... No les rinden honores, nunca. 

Y son los verdaderos y verdaderas héroes. A diario. Como si nada. Sin ganar talegadas aberrantes. Y nos quejamos de vicio. Id a África, id a América Latina, y también, que no se dice, id a dar una vuelta por vuestra ciudad, a observar en los barrios, las calles, la jodida miseria reinante en la puta desigualdad mas infame.

Puto asco de héroes impuestos joder... Puto asco....



Pablo A.K.

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