Mucho tiempo varado, sin rumbo, luchando por mantenernos a flote en la constante tempestad, esperando la calma que viene después de esta última, al fin y al cabo la esperanza es lo último que se pierde. O eso nos dicen los viejos y gastados dichos, a veces tan al día, a veces tan desfasados. Y se hace pequeña la habitación cuando el agua te empieza a llegar al cuello, porque debajo del agua nos ahogamos, pero fuera de ella nos intoxican con aire viciado desde las atalayas de la desinformación, desde los constantes baños de sangre que se han convetido en rutina, del sonido de sirenas, del ruido de las explosiones... Y ya no te encuentro, ya me hundo en el mar de las miserias, ya está empezando a ser demasiado tarde, ya no vamos a esperar mas, aunque tengamos que aprender a respirar como los peces, y a dejarnos llevar como la espuma, y a ser rebeldes como el viento del otoño... Y a escupir un millón de versos que den sentido a este loop, a esta eterna turbulencia.
Pablo A.K.
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